Columnista - Isaac Humala Nuñez

Peor que zafarrancho 

Isaac Humala Nuñez

7 nov. 2018 02:50 am
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No en todo el Perú.

Cuando en una batalla, uno de los contendores está siendo vencido y no tiene chance de evitar la derrota, ni puede ordenadamente retroceder o escapar por los costados y ya está empezando la masacre, el Comandante ordenará tocar a zafarrancho: “Sálvese quien pueda”. Este sería el caso si el Gobierno estuviera asaltado por el Perú profundo. El caso actual peruano es exclusivo del Gobierno. Los tres poderes del Estado y demás cimas del poder, cuya cantidad de personas implicadas no pasan de 1000: máximos dignatarios y altos funcionarios que manejan los dineros del Estado.

El asunto empezó con el Congreso atacando al Ejecutivo, luego este retrucando, se depuso a Kuczynski. A su reemplazante el Presidente Vizcarra, se trató de convertirlo en fantoche de Keiko Fujimori y César Villanueva. El conflicto se ha generalizado: ya no es entre sectores de poderes, sino entre miembros del interior de cada poder y sector; es decir, nadie puede confiar en nadie, pues han empezado las delaciones premiadas y confesiones sinceras. Cada cual tiene que salvar traicionando a cualquiera.

Este “todos contra todos” está limitado por ahora al campo de la corrupción (apoderamiento de dinero del Estado). Ya están procesados casi todos, menos uno. De los seis que gobernaron en el régimen fujimorista desde 1990 a la fecha, falta únicamente Alan García, quien se proclama ángel.

Pero hasta ahora, este “todos contra todos” no está teñido de sangre. Si se tiñera, no solo sería el final de los actuales gobernantes, sino que ya obligaría a intervenir al Perú profundo.

Estamos cercanos a la respuesta del Perú profundo y al restablecimiento de la Constitución legítima de 1979. En octubre pasado, se han ganado electoralmente los gobiernos regionales de Puno, Junín y Moquegua. Desde enero empezarán a gobernar en función de los intereses nacionales. Siendo de traición nacional la fuji-Constitución, se empezará a gobernar con la Constitución de 1979.

Finalmente, en el Perú hay un solo líder de estatura nacional. Es Antauro quien está desde hace más de 14 años secuestrado en una cárcel militar por haberse levantado en armas contra el actual régimen de corrupción y traición,  primero en la unidad militar de Locumba y luego en enero 2005 en Andahuaylas, lo que demuestra que no es un falso líder fabricado por la prensa o instituciones implicadas en corrupción y traición. Antauro tiene su fuerza propia: el etnocacerismo. La llamada derecha o Perú formal o superficial  no tiene un solo líder, ni siquiera de dimensión provincial.

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