Hace unas semanas escribí que sólo el 6% de los postulantes al Congreso tiene alguna experiencia en el Parlamento y sugerí además que los congresistas deberían incorporar a los jóvenes militantes de sus partidos políticos, como pasantes en sus oficinas, para que vayan conociendo cómo se trabaja en el Parlamento y que tengan contacto con el poder, para que luego no les dé “el mal de altura”.

Sin embargo, esta campaña electoral me está demostrando que hay muchos jóvenes que están apostando y entregando sus mejores años para la política y eso es bueno, a pesar de no tener experiencia parlamentaria.

También existen personas que pasan los 35 años que quieren usar sus años más productivos, ya que tienen experiencia acumulada, para entregarlos a la vida congresal y eso también es bueno.
Hace algunos años, recuerdo, existía una apatía de la juventud por la política, como también de los sectores técnicos y profesionales; al parecer ahora eso se está revertiendo.

Es probable que los acontecimientos de finales del año pasado generaran, en los sectores con cierta indiferencia en la política, el impulso para lanzarse al Congreso.

Los jóvenes deben entender que el Parlamento es un lugar donde el diálogo debe primar sobre todas las cosas y la impulsividad juvenil debe abrirse ante reflexión. Lamentablemente, hoy tenemos un Congreso unicameral que no ha querido usar los espacios generados para la deliberación; han exonerado de segunda votación casi todo lo que han aprobado.

La juventud es buena, como también lo es la experiencia. El Congreso dejó en el tintero la Escuela de Formación Parlamentaria, que tenía como objetivos, llenar el vacío de la falta de formación de los nuevos integrantes del Congreso, y la de educar a los ciudadanos que deseaban en algún momento tentar una curul.

He visto con beneplácito que jóvenes postulantes enarbolan la bandera de la educación como parte de su plan de trabajo, como también he visto a otros candidatos que ofrecen su experiencia cómo emprendedores para mejorar el funcionamiento del Legislativo.

No cabe duda que la política está dando un giro interesante. Lo que resta queda en manos de sus futuros protagonistas. Necesitamos un Congreso de vanguardia, no sólo con computadoras de última generación. Lo que necesitamos son mentes modernas y abiertas para cumplir un solo reto: recuperar la confianza del país. Espero con ansias las propuestas de reforma del funcionamiento del Congreso.