Javier Valle Riestra

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¿Divisionismo?

A raíz de la infantil polémica entre los cc. Del Castillo y Mulder, algunas personas llaman a eso “divisionismo”. No. Esto es sólo un conflicto entre dos dirigentes. El Apra existe noventa años porque siempre ha tenido un caudillo a la cabeza. Desde su fundación a Haya de la Torre, hombre excepcional, genial; después aparece Alan, sin los atributos de Víctor Raúl. Traigo esto a colación, porque muchos quieren ver en esa bizantina polémica, una futura escisión. Ninguno de los dos tiene banderas para apuntar en ese sentido. Hablemos de lo que pasó el 3 de octubre de 1948. Ese día se alzó un sector del Apra que contradijo lo que el partido pretendía: el golpe contra Bustamante, el coup d´etat; desplazado en su fecha varias veces, estaba decidido por Víctor Raúl y otros jefes para el 8 de octubre.

Derrocado Bustamante se le entregaría el poder a una junta de militares democráticos para que hicieran comicios auténticos. Pero un sector defensista radical se precipitó a la insurrección; y la Marina creyendo que era la organizada por Haya y otros, se sublevó al mando del comandante Mosto. Fracasó el movimiento y Mosto se suicidó. Bustamante virulento antiaprista puso fuera de la ley al Apra y Haya se asiló en la embajada de Colombia, donde permaneció cinco años y dos meses hasta que el tribunal de La Haya lo amparó. Del sector que se precipitó a la insurrección nació después el Apra Rebelde, comandada por Luis de la Puente Uceda, quien terminaría fusilado. El origen de la revolución aprista, como lo recuerda el c. Luis Alberto Sánchez, se produjo en vista de la conducta francamente prodictatorial del Ejecutivo, gobernando por decretos-leyes, como si el Legislativo no existiese; y del manifiesto apoyo que el Presidente prestaba a los frustradores de la reunión del Congreso, lo cual constituye un delito, altos representantes de los institutos castrenses habían entrado en comunicación con el Apra a fin de disuadirlo de actuar por su cuenta, y para que no interfiriese las decisiones de las Fuerzas Armadas, “las cuales iban a proceder corporativamente para salvar la constitucionalidad”. La explicación de esta conducta luego de analizar los hechos, era de una cierta claridad. Al conocer los arreglos postergando la revolución, el sector intransigente, que hoy llamaríamos “termocéfalo”, a orden del coronel Pardo decidió desconocer los acuerdos entre Haya y los generales.

Las diatribas entre Mulder y Del Castillo son así infantiles frente a los bandos viriles de aquel 3 de octubre.



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