Javier Valle Riestra

Acerca de Javier Valle Riestra:



El Apra Rebelde

Soy aprista y estoy reinscrito en el partido, desde hace más de sesenta años. Partiendo de ese antecedente me ocuparé de un gravísimo error político que perpetré, cuando colaboré con el aprismo disidente capitaneado por Luis de Puente Uceda. Me retracté de ese error y volví al PAP sin ninguna sanción ni discriminación.

Era entonces un radical, un termocéfalo y eso me llevó a ver con simpatía la influencia de Fidel Castro en las filas del Apra, lo que dio lugar a la formación del Apra Rebelde, capitaneada desde la cárcel, donde estaba injustamente preso De la Puente, quien años más tarde moriría asesinado por tropas militaristas enfrentadas a su utópica guerrilla.

Cuando se produjo la Revolución Cubana, su influencia llegó al Partido Aprista; yo fui de los influenciados. Pero Haya de la Torre, con gran visión no claudicó ante esa fuerza que aparecía como romántica. Pese a su advertencia moral, yo empecé a asistir a las reuniones de lo que se autollamó Apra Rebelde, en su local  situado en el Jr. Áncash.

Todos los apristas que asistían a esas reuniones fueron expulsados del PAP. Yo no. Y es que su fidelismo los había llevado, usurpando el nombre del Apra, a convocar a una asamblea. Torpe e ingenuamente presidí su primera Asamblea. Pese a que se cantaba la Marsellesa aprista al comenzar y cerrar las sesiones, los discursos de los miembros eran más de un tono leninista o estalinista.

El movimiento se hipotecó paulatina pero vertiginosamente en doctrinas no apristas, pese a que invocaban libros hayistas, como “El Antimperialismo y el Apra”. La situación se me volvió intolerable y remití una carta declarando que me apartaba definitivamente de esa organización. Lleno de nostalgia y pesadumbre por mis yerros, me reacerqué a las filas del Apra. No tuve que hacer muchos alegatos para ser readmitido.

El propio Haya me convocó a su despacho y me invitó a viajar a Huancayo. Allí fue donde me dijo que me amnistiaba por mis yerros pero que esperará la decisión de la Secretaría Nacional de Disciplina sobre mi estatus. Es decir que pese a mis vaivenes se me consideraba un aprista. La prueba fehaciente se hallaba en que pese a mi conducta y a mi sometimiento disciplinario, Víctor Raúl me llevó de viaje con él. Disciplinariamente el caso fue resuelto y volví con todos los honores al partido del que soy miembro hace lustros.



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