Columnista - Javier Valle Riestra

Soy aprista hace ochenta años

Javier Valle Riestra

6 dic. 2016 00:00 am
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He sido infinitas veces representante del Partido Aprista, Concejal en dos ocasiones,  Constituyente, Diputado, Senador en dos mandatos y finalmente Congresista hace seis años. Pero, mis sentimientos pro apristas datan desde mi minoría de edad. Siendo un alumno sobresaliente del colegio La Recoleta, era un propagandista subrepticio del movimiento; pintaba pizarras y fabricaba volantes. Ingresé a la Universidad Católica  en primer puesto el año 1950, pero eso no fue impedimento  para seguir  mi línea de agit-prop  filoaprista.

 

Empero los compañeros de aquella época de clandestinaje desconfiaban de mí y me hicieron jurar lealtad al PAP en una sesión secreta. Salió de la cárcel Ramiro Prialé y empecé a trabajar con él. Con mucho éxito porque nadie sabía de mi filiación. Sin embargo fui arrestado  en julio de 1956 con Ramiro, Jorge Raygada, Andrés Townsend y otros  en el panóptico del Paseo de la República. La prisión duró sólo una semana porque terminó reconociéndose  la victoria presidencial filoaprista  de Manuel Prado.

 

Mi aprismo fue así indiscutible. Estaba yo en el partido como un izquierdizante pese a las desviaciones derechistas del partido. Con el tiempo y las aguas las discrepancias fueron superadas. Pero vino la Revolución Cubana, con su radicalismo y la Reforma Agraria radical que me llevó a escribir panfletos pro apristas radicales. En el partido formé juntamente con Ezequiel Ramirez Novoa, Luis de la Puente Uceda y otros un movimiento de tono castrista e incluso perpetré el yerro de sumarme al Apra Rebelde.

 

Pero a las pocas semanas descubrí que eso no era aprismo, sino comunismo y volví con todos los honores al Partido Aprista sin ninguna observación del Comando ni reserva mental mía. El Aprismo desde entonces  ha llegado al poder dos veces con Alan García y aunque hemos perdido las últimas elecciones, mi aprismo no sé ha mengüado y hace dos meses me he reinscrito porque tengo fe, que dentro o fuera del poder podemos influir para construir el Perú soñado por los compañeros fundadores.

 

No es con las bayonetas sino con la pluma que refabricaremos la República. Es necesario un Perú preparado para la unión continental de los países del Sur de Rio Grande. Debemos sentar los cimientos de ese nuevo país. Sus características deben ser  a) despresidencializar la presidencia de la República, b) Parlamentarizarlo a la Nación con tres cámaras y c) Prepáranos para la unión Indoamericana.

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