Jorge Alania Vera

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EPÍGRAFE PARA UNA NOTICIA

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El día de Pi

La pasada semana se celebró el día de pi, 3,141592…el número mágico. Corresponde a la relación entre cualquier circunferencia y su diámetro y tiene una cantidad infinita de dígitos, sin nunca repetir un patrón.

Con motivo de la fecha, se anunció que la programadora japonesa, Emma Haruka Iwao, ha descubierto 31 billones de cifras de pi, una cantidad tal que escrita en un papel, haría que éste diera 143 vueltas a la tierra. Google, que propaló la noticia, explicó que el cálculo requirió 170 terabytes de datos y 25 computadoras que trabajaron más de cuatro meses en forma continua. Un terabyte es el espacio necesario para almacenar doscientas mil canciones.

La magia y el misterio de pi radican en su infinitud, en su irracionalidad. Es una serie sin término y sin razón numérica. Por lo tanto no tiene pasado ni futuro, solo un presente eterno e inescrutable. Nosotros, en cambio, somos efímeros y caducos y todos nuestros actos responden a un patrón secreto pero real, cuyos parámetros están fuera de nuestro alcance. Podemos saber a dónde vamos o de dónde venimos, pero no verdaderamente cómo, porque el diámetro de nuestra ruta en la vida, se relaciona mucho más con el círculo vicioso de nuestros azares y vicisitudes, que con el circulo virtuoso de nuestras realidades radicales, por lo general ignotas.

Nos deslumbra el número pi porque nos fascina la trascendencia. Qué será el tiempo de una vida frente a los quince mil millones de años que han pasado desde el big bang. Pero aun así, cada uno de nosotros es un universo aparte y los agujeros negros que hay en nuestra conciencia, nada tienen que envidiar en profundidad y misterio a los que estudió Stephen Hawking.

El matemático alemán Ludolph van Ceulen pidió, hacia mediados del siglo XVI, que en su epitafio, en la Iglesia de San Pedro de Leiden, se escribieran las 35 cifras del número pi que él mismo había calculado. La cantante y compositora británica Kate Bush le hizo una canción: “Bajo un círculo infinito”. La cinta “Pi, fe en el caos” de Darren Aronofsky ilustra un mundo en el que todo se reduce al mundo de los números.

Pi no es sólo la decimosexta letra del alfabeto griego, utilizada para nombrar un número indescifrable e infinito, que ha hecho que esa letra perdure, así como han perdurado alfa y omega; sino también un personaje del planeta de hoy con su día internacional de celebración y todo. Y es, además, un símbolo de la belleza y del conjuro de las matemáticas, que se parece tanto a la poesía, por su lógica y sus arcanos.

El día de pi es, de alguna manera, el día del infinito, una realidad que nos es intrínsecamente opuesta pero que nos deslumbra, porque, también de alguna manera, nos descubre el mundo que amamos, este caduco y vulnerable mundo con sus fechas, sus rostros y su pasado que se repite una y otra vez.





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