Jorge Alania Vera

Jorge Alania Vera

EPÍGRAFE PARA UNA NOTICIA

Acerca de Jorge Alania Vera:





El miércoles santo del Cristo de la fe

No me refiero al Jesús histórico, del que sólo se saben con certeza dos cosas: que existió y que murió en la cruz, sino al Cristo de la fe, que un profundo sentimiento y una larga leyenda, han entronizado en Occidente.

Estaba recorriendo hasta la semana pasada, como un paria o un arriero o un campesino sin tierra, algún polvoriento camino de Judea. Hoy, que es miércoles, sabe que está en las vísperas de su muerte y siente miedo. No es un héroe ni pretende serlo. Es, simplemente, un hombre que tiene una misión y quiere, además, estar en comunión con el universo y con la vida.

De su pueblo (que es pobre e insignificante) se han preguntado los sabios y poderosos qué de bueno puede salir de allí. El salió de allí y no volverá más, El solsticio de invierno le recuerda algo y, a veces, en sueños, ve una estrella que le parece familiar pero cuya trayectoria completa nunca conoció. Se halla ahora en los suburbios de un imperio del que nada habrá de quedar salvo algunas ruinas y algunos textos que no perecerán.

En los desperdigados poblados de su comarca (que podrían ser los del sertón, de la quebrada hueca o del río sin agua) lo reciben los niños y las mujeres y él para ellos tiene siempre una palabra de consuelo. Ilusos y débiles como él lo escuchan con devoción y ciertamente con esperanza. En cada lugar, generalmente inhóspito, en el que se va concentrando el gentío, no puede evitar hablar del camino, la verdad y la vida (y de los últimos que serán los primeros).

Tiene unos cuantos discípulos a quienes confiará su obra pero ésta, en verdad, será de aquel que la haga suya sin importar de dónde venga o hacia dónde vaya. Sus conversaciones son un ejercicio de escucha y de prudencia. Sólo cuando asciende al monte su voz se enciende con un fuego extraño que ni él mismo puede apagar y que deseará para sí cuando todo esté por consumarse.

El domingo pasado cruzó el pórtico de Jerusalén, la única ciudad que tiene una copia exacta en el cielo. El pueblo lo llenó de palmas y de vítores y él, entonces, sintió que había llegado su hora, la hora nona, la de la corona de espinas, la de la lanza en el costado.

El Sanedrín- que es una asamblea de 23 jueces- se acaba de reunir con Judas Iscariote para negociar su entrega. No lo sabe aún pero lo sabrá mañana. La oscuridad de la noche no lo amedrenta sino lo exalta. Piensa en la cena que tendrá dentro de algunas horas, en el pan que partirá, en el vino, en los espontáneos actos que quedarán por siglos como un ritual, en la escalera de mármol de 28 peldaños que deberá de subir para verse cara a cara con Poncio Pilatos. Antes de dormir, recita en voz baja los salmos que han anunciado su muerte. La lumbre de su aposento está aún prendida pero pronto se apagará por última vez. Todo está lejos ahora, todo, menos una ruta de polvo y piedras que habrá de recorrer el viernes, escarnecido y humillado. Y una cruz de rústica madera con esta inscripción en lo alto: INRI (Iesus Nazarenus Regis Iudeorum).





ico-columnistas-1-2018

Más artículos relacionados





Top
Vizcarra sube cinco puntos en junio: llega a 43 por ciento

Vizcarra sube cinco puntos en junio: llega a 43 por ciento