Jorge Alania Vera

Jorge Alania Vera

EPÍGRAFE PARA UNA NOTICIA

Acerca de Jorge Alania Vera:





Felicidad=P+5E+3A

Científicos británicos acaban de descubrir, aunque parezca mentira y tal vez hasta caricaturesco, una fórmula para ser feliz. Después de entrevistar a mil personas, los investigadores- una psicóloga y un asesor de estilos de vida- concluyeron que la felicidad es igual a P+5E+3A, donde P corresponde a lo Personal (características de la visión de la vida, adaptabilidad y flexibilidad); E, a la existencia (salud, amistades y estabilidad financiera) y A, representa lo que denominan Alta (autoestima, expectativa y ambiciones).

Confunde dicha simplicidad. Podemos ser, finalmente, reducidos a una matriz pero esa matriz no puede incluir todo. Somos un conjunto de reacciones y de estímulos, de tablas y parámetros; un increíble equilibrio bioquímico y hasta un registro de antecedentes y de sueños que los psiquiatras pueden archivar. Pero los códigos del alma son secretos y, al margen de lo que fuimos o dejamos de ser, somos historia, es decir, hechura de los días, matriz sí pero matriz que muda a cada instante y se convierte en mapa de los sueños, en poema, en paisaje borrosamente nítido.

El gran filósofo alemán, que en los vastos confines de la locura decía a su hermana, consternada ante él por el inexorable designio de su genio: Lisbeth, ¿por qué lloras, acaso no somos felices? , diría también en la plenitud de su agonía: ¿Era esto la vida? ¡Bueno, venga otra vez!

Ni una fórmula ni tampoco un algoritmo. Quizás una sencilla conclusión de Sartre: no hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace. O algo íntimo vinculado con el desapego, como señalaba Tolstoi: mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo. O una comprobación de Nietzche: nuestro destino está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices. O una experiencia entrañable de Kierkegaard: la puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla; si uno la empuja, la cierra cada vez más.

Nuestra existencia es sed- trsna- dice Sidarta Gautama y ésa, acaso sea, la más luminosa de sus definiciones. No un logro sino una suma de logros- como señala Ortega- porque lo logrado se convierte automáticamente en punto de arranque para un nuevo deseo…irremediablemente insatisfecho… Sed que debe ser saciada completa y momentáneamente con la convicción de que a la vuelta de un momento volveremos a sentirla. Cuerpo y alma buscando sus vertederos naturales. El río que cruza las llanuras y el manantial que fluye desde nuestro ser más profundo. Agua de la noche tocada por las coloraciones del crepúsculo. Agua de la del alba purificando la memoria y el olvido.

Si la vida es sed, ser feliz no es nada más que encontrar cada día un poco de agua. Toda la que quepa en el cuenco de la mano que se extiende para alcanzarla. No importa si al final digamos como Borges: He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer, no he sido feliz, que los glaciares del olvido me arrastren y me pierdan despiadados…





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