Jorge Alania Vera

Jorge Alania Vera

EPÍGRAFE PARA UNA NOTICIA

Acerca de Jorge Alania Vera:





Frida Kahlo

Había una vez una niña que como toda niña quería ser feliz, sin saber que a los seis años enfermaría de polio y que su pierna derecha quedaría delgada y frágil como una estaca. Su sueño de la felicidad era, sin embargo, tan vívido que lo siguió soñando hasta que, doce años después, el pasamanos de un autobús le produjo, en un accidente, once fracturas en la misma pierna y le traspasó la pelvis. El sueño entonces no se acabó sino que cambió de imágenes: la casita azul de Coyoacán y las tardes de principios de julio fueron borradas del mapa y en su lugar se levantó un sendero de sombras y de lágrimas por donde la pequeña adolorida vestida con el traje típico de Tehuantepec caminaba de noche buscando un retablo en donde llorar su pena.

Lloró y lloró y lloró hasta que una mañana a los cuarenta y seis cansada de despertar en el delirio de la vida, se resignó a que le amputaran la pierna y al punto su sueño se desvaneció en el silencio: “pies para qué los quiero si tengo alas para volar”. Y desde entonces vuela…

Si el arte de vivir debe ser aprendido como una danza, vaya que esta niña danzó pese a su cojera. Frida Khalo, pata de palo, le decían con inocente maldad los niños de la escuela. Y ella, como el espantapájaros de la muerte, bailó y bailó en un ritmo frenético. Treinta y nueve operaciones, injertos de columna, tracciones torturantes, juntas de médicos, amputación de dedos, corsés de yeso, de cuero, de barro, de metal, sillas de ruedas, aparatos ortopédicos, convalecencias de meses, de años…En ese tenaz itinerario se acostumbró a sufrir y a esperar. Entre vigilia y vigilia amó hasta la saciedad y aún más para compensar aquel destino infame y pintó su cara repetidas veces con esas dos hermosas alas de cuervo sobre sus ojos. “Al menos, esa otra no sufre como yo” decía mirando sus autorretratos.

“Creían que yo era surrealista, pero no lo era. Nunca pinté mis sueños. Pinté mi propia realidad” dijo una vez después de pintar admirablemente  sus sueños y su realidad. En su museo se exhibe su último cuadro, una pintura al óleo de trozos de sandías que nos hacen recordar los tonos lacerantes de Van Gogh. En uno de ellos y al lado  de su firma escribió: “Viva la vida”. Y en su diario íntimo se despidió de esa misma  vida con estas palabras: “Espero alegre la salida y espero no volver jamás”.

“Amo a quienes no saben vivir de otro modo que hundiéndose en el ocaso, pues ellos son los que pasan al otro lado” dijo Nietzsche. Esta mujer, maltratada como pocos por el dolor y herida, también como pocos, por el éxtasis deslumbrante de la vida, vivió todo su sueño entre las luces teñidas del crepúsculo y pasó al otro lado. Se hundió, sin duda, en el ocaso pero renació en la aurora del día después que dura para siempre. Allí, en donde los ángeles benditos o caídos, la rodean y le cantan con indecible amor: Frida Khalo, pata de palo…

 





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