Jorge Alania Vera

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EPÍGRAFE PARA UNA NOTICIA

Acerca de Jorge Alania Vera:





Historia de una cara

Katie Stubblefield decidió, en Cleveland, Ohio, que dieciocho años eran demasiados para tolerar la vida. Perdió un amor y creyó, como Pavese, que esa era la señal fatal del desamparo. Tomó un rifle y se disparó en el rostro que quedó completamente destrozado. Sin nariz, con la vista dañada, con la boca, la mandíbula y la frente hecha añicos, sobrevivió tres años sin su identidad primigenia y fundamental: la cara. Como los campesinos de rostros abortados de los óleos de Van Ostade, a los que alude Barthes en un célebre ensayo, era una creatura inacabada. En esos años en los que fue casi nadie, aprendió que la vida es mucho más que una historia y que una faz y vio la luz que en esa fría mañana de Cleveland ignoró con los ojos cerrados. Entonces aceptó iniciar la increíble y maravillosa historia de un trasplante.

El hospital de Cleveland estaba listo para la complejísima cirugía. La revista National Geographic decidió documentar la operación para uno de sus números estrella y dedicarle la portada a aquel nuevo rostro. El Ejército de los Estados Unidos aceptó financiar el trasplante para aprovechar la experiencia en los traumatizados de sus guerras. Sin embargo faltaba algo clave: el rostro de un donante.

En las afueras de Ohio, Andrea Schneider, de 31 años y amplia sonrisa desdibujada poco a poco por el infortunio, sucumbe a una sobredosis de heroína. Su abuela decide en ese trance donar la cara de Andrea para el trasplante. Este se lleva a cabo con éxito durante 31 horas y por 11 cirujanos y 14 especialistas en un quirófano del Cleveland Clinic, mientras su corazón –también donado por la abuela–vuelve a vivir en una mujer de 60 años; su hígado, en un hombre de 66; su pulmón derecho en una mujer de 51 y el izquierdo en otra de 62. La heroína puede aniquilar una vida pero no el amor, que sea como fuere y donde fuere, la sostiene.

Si los ojos son las ventanas del alma, como dice el Eclesiastés, cualquier rostro es su espejo. Los cirujanos de Cleveland han juntado los resplandecientes vidrios y realizado una proeza. Pero el dolor y la solidaridad que intenta rescatarlo de la muerte, son la verdadera historia que el National Geographic nos ha traído este agosto con nombres de mujer.





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