Jorge Alania Vera

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EPÍGRAFE PARA UNA NOTICIA

Acerca de Jorge Alania Vera:



Jaque mate

El ajedrez es un juego hermoso y fascinante. Hace unas décadas, la adultez e, incluso la adultez mayor, eran una ventaja y los jugadores mejor rankeados tenían muchos años y vasta experiencia. Era, aparentemente, lo lógico: la estrategia, la capacidad de acción y reacción, la versatilidad para jugar aperturas y finales, la sabiduría para la defensa y el ataque, se aprendían con los años. Pero de pronto todo cambió, porque el mundo cambia y la tecnología aportó lo suyo, decisivo.

La especialización también alcanzó al ajedrez. Y con ella llegó la juventud, incluso hasta la niñez ya que muchos de los actuales campeones han sido en su infancia niños prodigio. Hoy, de los 100 mejores jugadores del mundo, 58 tienen menos de 30 años y dos auténticas figuras, el hindú Anand y el ruso, nacionalizado español, Ivanchuk, son los únicos que superan por poco los 50. En el top 10, 8 son menores de 30 años. A todo esto, China que en la década del 70 no tenía ningún jugador entre los 500 mejores del mundo, hoy tiene 5 entre los 30. Todos los educadores señalan el valor formativo del ajedrez.

Y es fácil deducirlo. Se trata de una batalla, como todo en la vida, Entonces, de cualquier forma, es un ensayo para nuestras luchas diarias, un teatro que se asemeja a veces como dos gotas de agua a nuestros escenarios cotidianos. Como en las jornadas que libramos, podemos ganar o perder o empatar y, hacerlo, incluso por tiempo, no por posición. Las aperturas en el ajedrez son clave. Como los inicios en nuestras gestiones más o menos importantes. Y ellas recogen la experiencia de su utilización en otras partidas, tal como nosotros aprendemos de nuestros errores y de los de otros en similares ocasiones.

El llamado medio juego es fundamental para posicionar nuestras piezas, desarrollarlas en el tablero, poner a buen recaudo nuestro rey. Nosotros somos el rey en nuestras luchas cotidianas y debemos enrocarnos para quedar guarecidos, porque si no, nos exponemos. Y nuestros alfiles, caballos, torres, dama y peones deben estar en la mejor disposición y lugar para el ataque, tal como nuestras capacidades, fortalezas, herramientas y recursos, deben estar a la mano en el momento decisivo en el que las convocamos para definir la contienda. Para cada jugada en el ajedrez se deben calcular las variables, las posibilidades de respuesta de nuestro adversario. En ello es vital la reflexión y el ensimismamiento.

Sin prisa pero sin exceder los tiempos. Y, además, algo fundamental pero no trivial: ficha tocada, ficha movida, porque el ajedrez tiene reglas rígidas y una vez que nos decidimos por un movimiento, debemos ejecutarlo asumiendo las consecuencias. En el juego de la vida es lo mismo: planificar, pensar, calcular, adelantarse a los acontecimientos es parte de la estrategia inherente a la propia actividad vital. E incluso algo más: la variable inconclusa, indefinida, misteriosa, mágica que a veces hay que considerar para decidir. Como en el bello ajedrez.. Y al final el triunfo o la derrota. O las tablas. Las piezas se vuelven a acomodar en el tablero. Una partida es solo una partida. Una batalla es solo una batalla. Y la vida continua.



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