Jorge Alania Vera

Jorge Alania Vera

EPÍGRAFE PARA UNA NOTICIA

Acerca de Jorge Alania Vera:





Kurt Cobain

El 5 de abril de 1994,  Kurt Cobain  encontró, si acaso, el principio del Nirvana. O trató de encontrarlo para librarse del dolor  y del ciclo de traumáticos renacimientos que creyó haber agotado  para purificar su vida.

Como escribió en su carta del adiós definitivo, ya no tenía más pasión, por lo que era mejor quemarse que apagarse lentamente.  En realidad, la heroína y la depresión lo estaban apagando sin remedio, cuando decidió ver hasta dónde era verdad una frase de Janis Joplin, la perla  de Massachusetts (cantante que también se mató como él a los 27 años): la felicidad es como el fuego de un disparo.

En Aberdeen, un barrio de clase media de Washington, fundó la banda Nirvana junto al bajista Chris Novoselic. Fue la figura emblemática del grunge, uno de los varios nombres con el que la música popular reflejó en su momento el pulso de una época, gracias a que algunos, tocados por la gracia que abrasó a Mozart, lo supieron sentir y hacer, pese ( o tal vez por) sus delirios y sus sueños.

Tenía una innata inclinación hacia la poesía. Por eso dijo que todas las letras de sus canciones eran “pedazos de poesía”. La música lo había escogido, sin duda. Y él aceptó sin titubear esa designación, esa fatalidad. Toda la ira acumulada desde el divorcio de sus padres, toda la desilusión guardada por vivir de remolque en remolque en la desdichada niñez y adolescencia, se desahogó en notas y canciones. Y entonces fue aquel “hombre sin vida que ama la música”. Y lo fue hasta el prematuro final, atormentado, desesperanzado, jodido…porque como lo rubricó en la exultación de uno de sus conciertos: nadie muere virgen… porque la vida nos jode a todos.

Dios mío, por qué no puedo disfrutar, es la última pregunta que se hizo. Y tenía, aparentemente, todo para ello. Pero así es la depresión mayor, un permanente estado de desolación y de tristeza. Es como si las heridas de los años no sólo no se cerraran sino que se agrandaran con el tiempo. Como si las voces con que llama el infortunio, siguieran escuchándose cada vez en forma más atronadora.

Tenía 27 años cuando se mató. Como Jimi Hendrix, Amy Winehouse, Janis Joplin, Jim Morrison y Brian Jones. Veintisiete años  buscando en los pentagramas algo que se les perdió en algún lugar y que solo creyeron que se podía encontrar en la muerte, en su propia muerte, luego de buscarlo en las drogas, en el frenesí de las multitudes y en su sombrío interior poblado de demonios  y de sombras.

Nirvana es en sánscrito, la lengua de los dioses, el estado de la liberación total del deseo, el sufrimiento y la conciencia. Nadie sabe por qué Kurt Cobain le puso ese nombre a su banda pero sí que lo que quiso toda su vida es liberarse del peso de ser ese muchacho de Seattle retraído y melancólico.  En el momento de la ineludible verdad, no lo iluminaron ni  la meditación ni el sagrado mantra de la música, sino la luz de un disparo en la boca harta de sonreír y de cantar.





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