Jorge Alania Vera

Jorge Alania Vera

EPÍGRAFE PARA UNA NOTICIA

Acerca de Jorge Alania Vera:





La Mariposa Monarca

Hay una reina que no tiene corona pero sí alas y a la que los guerreros aztecas encargaban llevar el alma de sus muertos. Mariposa de luces y distancias, llega en octubre al bosque michoacano para dormir el sueño de la vida y después renacer. Miles de kilómetros buscando el oyamel y el inigualable aroma del silencio.

Papaloapan, Papalotepec, Papalotl Tlamachihuaniqui, son algo más que historia que corre por los ríos y se sube a los cerros  para medir la vastedad del arco iris. Son el nombre secreto y acaso incomprensible de una leyenda que está escrita a fuego y luz sobre los árboles de Zitácuaro, de Ocampo, de Angangueo, y que se transmitirá de boca en boca hasta el fin de los tiempos, porque las mariposas lo llevan en sus alas, inalcanzables, bellísimas, eternas.

De la llanura al cerro, del río a la quebrada, del mar al desierto (su espejo resplandeciente) viajamos cada año en nuestras misteriosas migraciones. Como la mariposa monarca, buscamos un árbol para guarecernos del inclemente sol y escuchar, al menos por un   instante, el majestuoso sonido del silencio. El ruido nos aturde y desorienta y los coros de muertos y fantasmas nos recuerdan que abajo está el dolor y que por más que intentemos volar no lo podemos sacudir de nuestras alas. Pese a que llevamos años en esto, aún no aprendemos a distinguir las paracas del norte de los alisios del sur y, por lo tanto, no sabemos aprovechar la fuerza de esos vientos. A veces volamos alto pero a veces el peso de nuestras alas o el de la precisa memoria, nos lanza a ras de suelo en donde nos estrellamos contra las torres y los mástiles. La mariposa, monarca no. Porque sabe dónde está el sur nunca se pierde. Porque sabe que el oyamel la espera en su santuario, su huída es una búsqueda, su viaje una peregrinación hacia su Meca.

Entre octubre y febrero la mariposa duerme pero no sueña como nosotros. Al despertar ejercitará sus alas para el largo viaje del retorno. Floridos campos de asclepias la sabrán esperar intactos, relucidos. Será primavera en Michoacán, será el amor, la abrasadora chispa de la vida. Antes de volver hará el amor en el viento, llamando a su compañero por su nombre (ese nombre secreto y propio que está escrito a fuego y luz en su alas negras y naranjas) para que después el viento haga el amor en ella y la deje regresar como la dejó venir. Mientras nosotros comprobamos que no hay más amor en las alturas porque todo hay que hacerlo a ras del suelo, la mariposa huele un rastro anhelado entre las nubes y ese rastro la huele a ella y el amor se consuma en la colorida comparsa de los cielos.

Mariposa de luces y distancias completará su ciclo. No como nosotros que viajamos sin rumbo y migramos sin término. Monarca de alas bellas seguirá transportando las almas y los sueños, mientras nosotros no sabemos qué hacer con lo vivido. Mariposa de historias sin nostalgias ni rescoldos, reconstruirá la suya en cada viaje y la volverá a vivir, mientras nosotros sólo tenemos una oportunidad para escribirla sin poder reconstruirla jamás. Mariposa  de sol y luz sin noches ni crepúsculos, al contrario de nosotros que podemos dar fe como nadie de los claroscuros y las sombras.

En nada nos parecemos, salvo en el trémulo e incesante aleteo sobre el mundo.





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