Jorge Alania Vera

Jorge Alania Vera

EPÍGRAFE PARA UNA NOTICIA

Acerca de Jorge Alania Vera:





La memoria de Shakespeare

Su cuerpo yace en el interior de la Iglesia de la Santa Trinidad de Stratford-sur-Avon en un mausoleo que según las últimas noticias está a punto de derrumbarse. Su alma, en cambio, en la límpida piedra de muchos corazones que sólo por algunos de sus parlamentos y de sus sonetos estarían dispuestos a no dejar de latir en la hora suprema. Y su voz (la misma que solía escucharse en las plegarias vespertinas) en el viento que corre de un extremo a otro del mundo que nadie como él supo interpretar y escenificar.

Straford-sur Avon es Inglaterra, pero de alguna forma indescifrable es el universo que conocemos y el que ignoramos; el que está hecho de ríos y de altas montañas y el otro, íntimo y cercano, que no recorren los pájaros pero en el que el Ave Fénix realizará su último vuelo. Allí volvió Shakespeare para morir. Estaba abrumado por el deber de representar las sucesivas e increíbles facetas del hombre. Lejos de los teatros y los cenáculos, trató de vivir una vida vulgar con el único propósito de olvidar la memoria que lo ataba al mundo que había logrado retratar de manera tan fidedigna. No lo pudo hacer porque lo que se describe una vez con las milagrosas palabras, no queda descrito sino creado y a un dios mayor de la tragicómica mitología humana sólo le toca asumir su responsabilidad y su destino.

Shakespeare desapareció físicamente pero su rastro quedó esparcido por siglos y lejanías. No puede responder, por cierto, si lo llaman pero sus personajes sí. Dejó de ser lo que era para ser un rey que dice lo que sueña y que no morirá jamás, o un enamorado, no de las apariencias sino de las esencias, cuyo canto de amor (tan distinto al suyo) se repetirá de boca en boca hasta el fin de los tiempos. ¡Qué importa que su tumba se derrumbe si su memoria está viva! ¡Qué importa la soledad agusanada del sepulcro si él habita, amado y escuchado, en incontables moradas! ¡Qué importa que en su testamento no hiciera la más mínima referencia a sus obras ni a la vida que llevó para justificarla, si no hay hombre que no haya esgrimido sus argumentos para explicarse qué es o qué busca!

No solo Hermann Soergel (y antes de él, Daniel Thorpe) tienen la memoria de Shakespeare. La tenemos todos porque él es parte del destino humano. Su voz y lo que nombró con esa voz (que es todo) está en nosotros y no en el coro del templo de la Santísima Trinidad a punto de callarse y de caerse.





ico-columnistas-1-2018

Más artículos relacionados





Top
La crisis de los ‘mandiles rosados’ en el Ejército del Perú

La crisis de los ‘mandiles rosados’ en el Ejército del Perú