Jorge Alania Vera

Jorge Alania Vera

EPÍGRAFE PARA UNA NOTICIA

Acerca de Jorge Alania Vera:





La niña de mis ojos tiene miedo

Está en un lugar cualquiera de la ciudad, en una calle cercana o lejana o muy lejana, en un caserío rural, en una trocha de las tantas que hay en nuestras tierras, en una casa de cemento o de adobe, en un parque, en la ribera de un río, en las afueras de un colegio, en la explanada de unos juegos infantiles…allí está y en  donde está tiene miedo.  La acechan  y no lo sabe. O lo sabe pero no lo entiende del todo…

 Según estadísticas oficiales pero con seguridad incompletas, en el año 2018 se han producido en América Latina  614 feminicidios de niñas y adolescentes. Al tope de la trágica estadística está El Salvador con 157 casos y abajo, Costa Rica con 19. En el medio Argentina con 140; México con 89; Perú con 79; Colombia con 64; Brasil con 66…y la lista sigue. Y los números que hielan. Pero no son números; son almas, rostros, miradas, sonrisas. Sus cuerpos inertes- según los datos- fueron recogidos de muchos sitios frecuentados por ellas y sus asesinos fueron gente de todo tipo: desde sus propios padres hasta los más insanos y malvados depredadores de la calle.

En un estudio de Celeste Sacccomano, de la IESE Business School, se cita una conclusión inobjetable: “La violencia contra la mujer es una violación de los derechos humanos, un problema social, un problema de salud pública y una barrera al desarrollo económico de los países”. Según la Organización Mundial de la Salud, América Latina es la región del mundo más afectada por esta lacra. Si eso significa y acarrea el feminicidio, qué no hará en su expresión más execrable: el feminicidio contra las niñas y adolescentes.

Cuando de abandono, pobreza, desgracia y marginalidad se trata, los niños sufren. Pero las niñas sufren más.  En el gran aniego reciente de San Juan de Lurigancho, escuché decir que el sufrimiento tenía rostro de mujer. Quienquiera que haya vivido en carne propia esa adversidad o haya  visto las imágenes  por televisión, lo puede atestiguar. Rostro de mujer y, por lo mismo, de niña. En todo gran desastre- según la casuística-  las niñas son las más vulnerables: en las calles, en los albergues, en los centros de ayuda.

Los papás suelen decir de sus hijas y como expresión de amor y de ternura, que son las niñas de sus ojos, porque por sus ojos ven y lo que los lastima, los lastima a ellos como ninguna otra cosa  podría hacerlo.

En el salmo 17, le dice David a Jehová: “Guárdame como a la niña de tus ojos, escóndeme a la sombra de tus alas, lejos de esos malvados que me acosan, de mis enemigos que quieren mi muerte…”

 

La niña de mis ojos  tiene miedo.

 

 

 

 

 





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