Jorge Alania Vera

Jorge Alania Vera

EPÍGRAFE PARA UNA NOTICIA

Acerca de Jorge Alania Vera:





La oveja de Neruda

Carl Gustav Yung (quien exploró como pocos las insondables profundidades de la psique) afirmó que para descubrir el mito que alimenta nuestra vida deberíamos preguntarnos cuál era el juego que más nos gustaba en la niñez. Marcel Proust dijo que crear es hablar siempre de la infancia. Gustavo Adolfo Becker señaló que si de algo son capaces los poetas es de conservar vivos los recuerdos de su infancia. Nietzche (que en los últimos diez años de su vida, sólo y loco volvió dramáticamente a su niñez) sugirió que en la conciencia lúdica de la infancia se halla la más alta espiritualización de la existencia.

Pablo Neruda contó una vez que buscando pequeños objetos de su niñez en el fondo de su casa de Temuco, encontró un agujero en el cercado por el que de pronto apareció la mano de un niño como él. Cuando se acercó un poco más, ya no encontró la mano sino una oveja blanca de lana desteñida. Miró por el agujero pero el niño había desaparecido.

Fue, entonces, a su cuarto y regresó con una piña de pino que adoraba. La dejó en el mismo sitio y se marchó con su oveja. Años después escribiría que nunca más volvió a ver una oveja tan hermosa. Y escribió algo más que resume fielmente su obra y su destino: “Así como deje allí aquella piña de pino, he dejado en la puerta de muchos desconocidos, de muchos prisioneros, de muchos solitarios, de muchos perseguidos, mis palabras. Esta es la gran lección que recogí en el patio de mi infancia. Tal vez sólo fue un juego de dos niños que no se conocían y que quisieron comunicarse los dones de la vida. Pero este pequeño intercambio misterioso se quedó depositado como un sedimento indestructible en mi corazón encendiendo mi poesía”.

En el azaroso curso de la vida vamos cediendo a la tentación cada vez más fuerte de dejar de ser niños. Nuestro destino es crecer pero crecer en todo y ello significa, aunque parezca contradictorio, no dejar ser niño, es decir, no perder nuestra capacidad de asombrarnos y enternecernos. Cuando somos padres, sentimos que nuestro papel es raigal en la vida de nuestros hijos porque nos hacemos cargo de que, como señaló el escritor del Tambor de Hojalata, alguien que tiene un hijo, está condenado a ser padre o madre durante toda la vida. “Son los hijos los que se apartan de uno. Pero los padres no podemos apartarnos de ellos.” recalca Graham Greene.

No es fácil, por cierto, ser papa o mamá. Oscar Wilde ha dicho bien: “Los niños comienzan por amar a los padres. Cuando ya han crecido, los juzgan, y, algunas veces, hasta los perdonan.”

Tengamos siempre la capacidad de ver por cualquier rendija de los incontables muros que levantamos o encontramos casi a diario, esa oveja blanca desteñida que le dejó al niño Neptalí Reyes Basualdo, su desconocido amigo de la infancia. Y sepamos poner en esa misma rendija nuestro juguete preferido, aquel al que se refería Carl Gustav Yung en su libro Conflictos del Alma Infantil.





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