Jorge Alania Vera

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EPÍGRAFE PARA UNA NOTICIA

Acerca de Jorge Alania Vera:





Las monedas del amor

La Fontana de Trevi es la fuente más bella de Roma, la ciudad del Adriático que es no sólo eterna sino a la cual conducen todos los caminos. Su aspecto actual data de 1762 y la leyenda de las monedas que se arrojan en ella buscando el amor y la felicidad, de 1954, año en que una película “Tres monedas en la fuente” hizo popular que si arrojabas una volverías a Roma; si arrojabas dos, encontrarías el amor y si eran tres, te casarías con aquel o aquella que habías encontrado.

Roberto Cercelletta era un romano indigente y medio loco, tanto que desde 1968 hasta el 2002 fue su costumbre robar esas monedas del ensueño. Casi todos los días, en la penumbra del amanecer,  las juntaba y las levantaba o las atraía con un imán en forma de espada. La Policía lo trató de disuadir, lo multó varias veces y en una ocasión se lo llevó preso. Su justificación del hurto fue jocosa: “No tendré derecho a hacerlo, pero lo hago desde hace 34 años”.

Las monedas siguen cayendo ahora mismo sobre la famosa fuente y una tradición romana y mundial se sigue perpetuando.  Nadie sabe si los pedidos se hacen realidad, pero todos, los que arrojan las monedas y los que no,  siguen buscando el amor que es esquivo y misterioso. La otra tradición romana cesó hacia el 2013, cuando Roberto Cercelletta falleció loco y pobre.

Toda fuente – lo sugiere Joseph Campbell en su Psicoanálisis del Mito– bebe de otra que fluye  desde el amanecer perpetuo del Olimpo en donde sus aguas atesoran un nombre secreto: ambrosía, que en el griego de Zeuz y de Hades quiere decir: no mortal. El Héroe de las Mil Caras sabe que en la cueva sagrada del monte Wotan, sus émulos la beben mezclada con la leche de la cabra que se alimenta de las hojas del fresno del mundo. Los dioses persas la conocen como haoma y la toman inmediatamente después de haberla hecho destilar del árbol Gaokerena, el árbol de la vida. El licor de Guibne que beben a largos sorbos las hadas inmortales del Erín es otra de sus formas. Se llama sake para los dioses del Japón y ave para los polinesios y sangre, roja sangre de los sacrificios para los mayas y los aztecas. Los benditos por Yhavé la han bebido en alguno de los ríos dulces que atraviesan el Paraíso.

A Roberto Cercelleta no le importaban la Fontana de Trevi ni sus mágicos conjuros, sino sus monedas. Las juntó y las levantó o las atrajo para sí por años con un imán y si hubiera podido con una mirada. Creo que lo mismo, salvando las aguas y las distancias, nos sucede a nosotros.





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