Jorge Alania Vera

Jorge Alania Vera

EPÍGRAFE PARA UNA NOTICIA

Acerca de Jorge Alania Vera:





Madre patria

Hay un poema que muchos niños y adolescentes de México saben de memoria y que recuerdan y recitan en los días de septiembre en que se celebran las fiestas nacionales de ese país. Se titula: ‘Alta Traición’. Su autor es el gran poeta mexicano José Emilio Pacheco.

“No amo mi patria/Su fulgor abstracto/ es inasible” dicen sus primeros versos, pero los que le siguen aclaran esa negación, esa relación atormentada entre el hombre y la tierra que no escogió pero que lo acoge con su doloroso aunque irreemplazable abrazo: “Pero (aunque suene mal)/daría la vida/ por diez lugares suyos/cierta gente/ puertos, bosques de pinos/fortalezas/una ciudad deshecha/gris, monstruosa/varias figuras de su historia/montañas/y tres o cuatro ríos”.

Pacheco contaba que, perplejo ante la popularidad de su poema, encontró uno similar, del poeta catalán Salvador Espriú, que decía mejor lo que él había querido comunicar con el suyo: “Harto estoy de mi vieja tierra/ de mi país cobarde y salvaje/ Cómo quisiera ir hacia el norte/ Allí me dicen que la gente es limpia/ noble, culta, feliz, rica, despierta /Pero no cumpliré nunca mi sueño/ Y aquí voy a quedarme hasta la muerte/ Pues yo también soy cobarde y salvaje/ Y amo con un desesperante dolor/ Mi patria pobre, sucia y desdichada”.

Séneca, el filósofo de la inmortalidad, afirmó que uno no ama a su patria porque es grande sino porque es suya. Y Pascal adujo, siglos después, que el corazón tiene razones que la razón ignora. El tiempo no cuenta para las convicciones del alma y de la tierra. Desde que alguien se asentó en ella por la primera vez hasta que otro alguien la deje, por la última. Y en el intervalo la historia y la leyenda, lo que fue y lo que no pudo ser, la siembra, la cosecha, la sequía. El amor y el dolor encadenados. El valle de las luces y las sombras. Paraísos e infiernos que se cruzan. Rostros que van y vienen desde lejos. Rastros que se han dejado, que se dejarán en sus cuatro confines. Montaña y mar y entre ellas el desierto inexpresivo. Selva y mar y entre ellos la frustración y la promesa que antes era y que todavía sigue siendo.

¡Madre patria que estás en la tierra, en ti confío, en ti espero contra toda esperanza, en ti creo! Algunos me preguntan por qué y no sé qué decirles. Alguien me pide contestar qué es ella y sólo puedo repetir con Benedetti: “Quizás mi única noción de patria sea esta urgencia de decir nosotros, este regreso al propio desconcierto.”

José Arcadio Buendía quiere mudarse para fundar Macondo en otro sitio. Va a vivir cien años de soledad y quiere que sea en una tierra eternamente suya. Úrsula Iguarán le dice: “no nos iremos porque aquí hemos tenido un hijo”. “Todavía no tenemos un muerto” le responde José Arcadio: “Uno no es de un lugar hasta que no tiene un muerto bajo tierra”.

Yo tengo dos entrañablemente míos: por eso esta es mi patria.





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