Jorge Alania Vera

Jorge Alania Vera

EPÍGRAFE PARA UNA NOTICIA

Acerca de Jorge Alania Vera:





¿Para qué sirve el arte?

La catedral de Notre Dame no es sólo un lugar turístico. Es eso y mucho más. Es su estilo gótico, sus gárgolas de piedra y lo que ellas representan en esa visión mitológica del mundo. Es la coronación de Napoleón que se celebró en su atrio, la beatificación de Juana de Arco, el campanario en el que vivió Quasimodo, el jorobado enamorado. Es lo que se quemó y lo que no se ha quemado, un símbolo de Francia y una expresión del arte universal.

El arte, decía Henry Miller, no enseña nada, excepto el significado de la vida. El hombre del Paleolítico lo supo, porque al pintar las cosas con la gratuidad que miles de años más tarde inmortalizarían Degas y Toulouse Lautrec pintándolas con amargura, hizo que el arte estuviera al servicio de su aventura de vivir. Mientras haya alguien desdichado, escribe un poeta, la poesía seguirá siendo el arte del futuro. Arte, dijo otro, es lo que media entre la infelicidad real y la visión del Paraíso. Cubrimos ese abismo con versos, con óleos, con canciones. Frágil puente de barcas tendido bajo el cielo y por donde deambulamos cada día desorientados, confusos, absortos de estar vivos.

Escribo para que me quieran mis amigos, dijo García Márquez. Los cuadros de Van Gogh son, en verdad, ilustraciones para las cartas a su hermano que tanto lo quería y apoyaba. Nietzche, loco, retoma a los 50 años la poesía y la música de su niñez para darle a Lisbeth, su hermana que vivía con él, una alegría. Todos los poemas de Vallejo son un ágape, una inscripción “con su dedo grande en el aire”, la gratitud del cadáver que abrazó al primer hombre y se echó a andar. El tiempo perdido de Proust estuvo siempre a la sombra de las muchachas en flor.

Hagamos lo que hagamos y seamos lo que seamos, respetemos este extravío que fue alguna vez perfecta armonía con la vida. “Oh Tot- decía Platón a Fedro- tú das a tus hijos la apariencia de una gran sabiduría pero no la verdad, los hombres gracias a ti aprenderán muchas cosas pero no las conocerán a fondo”. El arte sirve para conocer ese fondo que sirve para conocer la razón por la que realmente estamos acá. Esa y no otra: entender el poema del universo.

Miramos las cosas por el revés, quizás porque lo malo es natural y lo bueno es aprendido y hemos aprendido tan poco. El arte puede ser la palabra de Dios. El sermón de la Montaña es un poema de amor. En el Tao Te Ching está cifrada la sabiduría del universo. No hay mujeres más bellas que las mujeres de Modigliani. En las Iluminaciones de Rimbaud no hay luces, sino destellos de alguna divinidad. El arte lava del alma el polvo de la vida cotidiana, decía Picasso

Morir es difícil, pero vivir es más difícil aún, escribió Maiakovski antes de darse muerte. Para que esa dificultad no sea insalvable, nos han sido dados los versos, los óleos, las canciones. Ya sabemos que “hay que buscar por el agrado de buscar, no por el de encontrar, que la puerta es la que elige, no nosotros”. Pero aun así el arte nos conduce y acompaña, aunque esa puerta no se sepa abrir o no se quiera abrir. O se abra, tan solo, para darnos un portazo.





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