Jorge Alania Vera

Jorge Alania Vera

EPÍGRAFE PARA UNA NOTICIA

Acerca de Jorge Alania Vera:





Romeo y Julieta

Luther y Waverlee Younger viven una increíble historia de amor. Él tiene 99 años, ella 92 y según un reportaje de la CBS News, Luther –que fue entrevistado la semana pasada durante una de sus caminatas– recorre desde hace diez años, todos los días, diez kilómetros para visitar a su esposa enferma de cáncer en un hospital de Nueva York. “Ella es mi dulce taza de té. Ella venía y me besaba y me decía ‘bebé’. Quiero verla como antes”, dice entre sollozos.

Es un veterano de la guerra como muchos pero como muy pocos, también es un veterano del amor que no cambia de nombre, de aquel que no está escrito en unas invitaciones que borra cualquier lluvia sino en la acera que ahora recorre para ver a su amada luchar contra la muerte y luchar con ella. No están unidos por el destino sino por cosas tan simples como las alegrías y las tribulaciones de cada día. Las culpas son mías y los aciertos son tuyos: esta sencilla fórmula los ayudó a sobrevivir tantos años las estrecheces y los infortunios.

El encanto de su relación fue siempre discreto y aun cuando parecía perdido entre las banalidades de la urbe de todas las urbes, cada uno lo encontraba a discreción y lo utilizaba, aun en los trances más duros,  para vencer sus diarios desafíos.

El amor es el gran argumento de la vida pero en su caso es algo más: la historia, la leyenda. No se imaginan un mundo sin el otro al lado. Eso que pudiera ser una limitación se convierte casi en un imperativo vital que los transforma. Hablan una sola vez al día y sólo unos momentos, pero sin duda están comunicados  por algo que es más fuerte que la necesidad y más perdurable que las palabras. Se saben tolerar y comprender porque sin proponérselo han recorrido el largo camino que media entre el conocimiento y la esquiva felicidad; un camino cuyos hitos sucesivos en el tiempo son: conocer, saber, comprender, perdonar, amar, ser feliz.

Se repartieron y se reparten todo menos el silencio que es de cada quien completamente. En el horizonte de Rochester en donde suelen avizorar el mundo, hay una silueta en la que se reconocen como si fuera suya. “Es que a donde yo mire, siempre te veo” dice Romeo. “Nada sé del mañana, salvo que tiene tu nombre” dice Julieta. No morirán juntos ni tampoco han expresado su voluntad de ser enterrados juntos, pero cuando el primero de ellos se marche, la vida habrá acabado para el segundo. Sin embargo, seguirán el uno junto al otro porque no estarán aquí sino en el ubicuo paraíso.





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