Jorge Alania Vera

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EPÍGRAFE PARA UNA NOTICIA

Acerca de Jorge Alania Vera:



“Selfie”: aquí estuvimos, por aquí pasamos…

Casi 300 personas  fallecieron entre el 2011 y el 2018   tratando de tomarse un “selfie”  aunque se  estima que la cifra es mucho mayor, ya que la muerte por “selfie” nunca se registra como causa de fallecimiento. Incluso investigadores de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos han sugerido  crear “zonas prohibidas para selfies”.

Gavin Zimmerman, de 19 años, falleció tomándose un “selfie” en un acantilado en Nueva Gales del Sur, Australia. Tomer Frankfurter murió en el Parque Nacional Yosemite, en Estados Unidos en setiembre, después de una caída de 250 metros que sufrió tratando de tomarse otro. En Panamá, una turista intentó hacerse un “selfie” desde el piso 27 y terminó muerta, al pie del edificio ubicado en el sector residencial El Cangrejo.  Y así tantos casos: accidentes de tránsito, temeridades en las montañas, caídas  en los acantilados, trágicas acrobacias en los edificios… y las muertes aumentan año a año significativamente.

En una de las más célebres y logradas escenas del cine de todos los tiempos, Robert  de Niro, en su papel de Travis Bickle en Taxi Driver, pregunta desafiante mirándose al espejo: “are you talking to me?”. Jorge Eduardo Eielson solía mirarse pero no se veía él, sino al otro: “el mismo mono milenario /que se refleja en el remanso y ríe”. Añoraba el espejo en el que veía su espesa barba y entonces en la noche del reino del infinito ocaso se decía: “Yo no soy el que sufre sino el otro/ el mismo mono milenario que se refleja en el remanso y llora”. O como la bella y aguerrida artista de Coyoacán  que pintó su cara repetidas veces con esas dos hermosas alas de cuervo sobre sus ojos.

El rostro frente al espejo. El rostro frente a la cámara. El “selfie” tiene una antigua historia que data del siglo XIX, cuando ya había quienes realizaban daguerrotipos de sí mismos. Luego vinieron las cámaras de cajón, las de mano y los teléfonos digitales que permiten sacarse fotos uno mismo y verlas al instante.

Por donde vamos queremos dejar huella. Brooks Halten, el presidiario de la película  “Sueños de Fuga” que estuvo 60 años en una cárcel, dejó escrito en la viga del albergue en donde se ahorcó tras salir en libertad condicional: “Por aquí pasó Brooks”. Nuestra vida es un “selfie” permanente, una crónica de sitios y de rostros, una grande o pequeña galería fotográfica con nosotros al medio. Aquí estuvimos, por aquí pasamos.

Anhelamos perpetuar  vivencias, como las que registran todos los “selfies” de este mundo. El viaje, este misterioso viaje, nos enseña que  la película de nuestra vida es una sucesión de fotos, hasta la última, final, perpetuamente quietos. Sabemos que toda existencia tiene, aunque no lo parezca, un horizonte, pero, a veces, en la intensidad o en el vacío de las horas, sentimos que es sólo un instante en el tiempo; un “selfie” entre miles de miles, casi iguales, en donde sólo nos toca ubicar nuestro rostro, solo o  al lado de otros rostros perplejos, ansiosos, expectantes…

 



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