Jorge Morelli

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Acerca de Jorge Morelli:





Deshágase del vampiro

Lo que Mauricio Macri hace en la Argentina debe servir de ejemplo al resto de la economía global, no solo a los países emergentes.
Ha tomado la decisión política de reducir de 19 a 10 los ministerios del Estado argentino. Esto para, con otras medidas, reducir el déficit fiscal a 1 % el próximo año.
Tiene toda la razón. El déficit es la causa primera de la inflación que, a su vez, retroalimenta la devaluación en una espiral implacable.
Sin defensas sorprendió a la Argentina, entonces, el alza de la tasa de interés de EE.UU., fina cortesía de la Fed. El peso se vino abajo. Ha perdido el 98 % de su valor en lo que va del año. Una vez más, el pueblo argentino está atrapado.
Con la ayuda del FMI, Macri tomó medidas inmediatas para no caer definitivamente en coma de cesación de pagos. Esto se ha hecho muchas veces en todos lados.

Lo verdaderamente admirable es que Macri esta vez tomó a continuación la decisión política de matar la raíz del problema. No sólo cerrar la brecha entre el ingreso y el gasto del Estado, sino reducir drásticamente al Estado para que el déficit no pueda volver a crecer.

El plan es una reducción global del gasto de la Nación argentina de cerca de 16 mil millones de dólares. Es una lección para todos. No solo en Latinoamérica. Desde Brasil hasta Turquía presentan el mismo cuadro. Pero no toman la decisión política.
Aunque nuestra democracia de baja gobernabilidad dificulta la decisión, el Perú necesita hacer lo mismo. Primero y fundamentalmente porque el tamaño, la incompetencia y la indolencia del Estado peruano están matando la iniciativa privada de los peruanos, que es libre.

Y en lo inmediato porque, si el déficit fiscal peruano -que es de más de 3 %- no ha producido aún una crisis cambiaria, lo hará tarde o temprano. El gobierno se ha comprometido a reducir el déficit fiscal a 1 % para el 2021, pero este año, una vez más, se otorga a sí mismo un Presupuesto 2019 que es una cuarta parte del tamaño de la economía y lo financia con deuda. El Congreso es el cómplice.

Es algo adictivo. Así es como la Argentina se metió en el problema. Años atrás, en un periódico de Buenos Aires apareció una caricatura en la que una dama de sociedad algo entrada en años, pero todavía atractiva -la Argentina, obviamente- languidecía feliz, cóctel en mano, mientras detrás suyo un vampiro le clavaba los colmillos. Se retiraba a grandes pasos de la escena una enfermera -FMI se leía en la cofia- llevándose los trastos de hospital y exclamando airada: “primero deshágase del vampiro y después hablamos de transfusiones”.





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