Jorge Morelli

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“Posicionamiento permanente”

  • Fecha Miércoles 14 de Agosto del 2019
  • Fecha 2:20 am
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El viejo truco ya lo conocía Aristóteles y le llamó demagogia. “Gobierno de la turba” lo rebautizó Polibio un siglo después. Hoy se llama “posicionamiento permanente”. Nosotros no llamamos a las cosas por su nombre.

Basta averiguar lo que el pueblo reclama y venderle un villano que genera un héroe que lo derrota. y buscar, luego,  chivos expiatorios que desfilen uno tras otro a la guillotina hasta que nadie se sienta seguro. Con esto se consigue generar el Terror, el estado de ánimo colectivo que permite la captura del poder con la aprobación del pueblo.
Esto se hacía en Latinoamérica tradicionalmente mediante el golpe de Estado militar en un solo acto, en un solo día.

El contenido ideológico es lo de menos. Lo mismo en el golpe fascista que en la revolución comunista. Pero hoy el golpe no tradicional necesita legitimidad, impostada mediante el “posicionamiento permanente”, y apariencia de legalidad, que otorga el Congreso.

La legalidad se operativiza con la vacancia de la Presidencia o la renuncia del mandatario, cocinada en ambos casos por una mayoria parlamentaria. El Congreso formaliza la captura del poder, y modifica luego la Constitución para perpetuarse en el poder a través de la reelección permanente, como Chávez, como Evo.

Una mayoria parlamentaria se consigue con una “asamblea constituyente” paralela al poder “constituido” del Congreso. Así se ha hecho en Venezuela y copiado luego. Pero ese expediente ya es demasiado conocido. Hoy la legitimación se consigue con el “posicionamiento permanente” en la opinión publica a través de las redes y las encuestas, y la “legalidad” en la forma de la consulta al pueblo por el referéndum.

Hace falta una narrativa, eso sí, un relato que se repita masivamente en las redes y los medios hasta que quede fijado en las mentes. La corrupción es una narrativa perfecta. Aunque se encarcele a todos, no puede ser erradicada. Su poder como relato no se extingue nunca. El “posicionamiento permanente” en las redes se perfecciona luego mediante el “monopolio de la virtud”: el control indirecto de los medios de comunicación por la publicidad estatal, mientras se limita paralelamente el acceso a los medios de recursos privados para el financiamiento de campañas políticas.

La propuesta de un referénduma sobre el adelanto de las elecciones y la reelección presidencial ha confirmado para muchos que un escenario como este se incuba hoy en el Perú. Pero el gobierno no es el cerebro de esta operación. Viene de fuera, de La Habana y de Caracas, y la veremos en acción en pantalla gigante en las elecciones de Bolivia y de Argentina el próximo octubre.

Ya tiene usted boleto de primera fila.





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