Jorge Morelli

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MEDIA COLUMNA

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Silencio en el centro del diálogo

¿El Plan del Congreso es vacar la Presidencia en julio de 2020? En el último año del quinquenio la Constitución prohíbe disolver el Congreso y en julio de 2020, entonces, desaparece la espada de Damocles sobre el Legislativo y el Gobierno queda a su merced. Martín Vizcarra está obligado a suponer que para entonces su popularidad puede no ser la de hoy y que el Congreso puede vacar la Presidencia por segunda vez en el quinquenio. Para terminar así, el Presidente prefiere tirarse por la borda y llevarse al Congreso consigo. Lo hizo Alberto Fujimori en el 2001. Por eso plantea adelantar las elecciones.

Martín Vizcarra ha colocado el tema en el centro del diálogo que se avecina con el presidente del Congreso, porque el adelanto no le resulta negociable. A lo sumo puede dejar de lado el referéndum que propuso si el Congreso se compromete a aprobar el adelanto de elecciones vía reforma constitucional en dos legislaturas. Vizcarra ha dicho ya en entrevista que espera una propuesta del Congreso. Esta es, evidentemente, la propuesta que espera.

Así las cosas, el diálogo con el presidente del Congreso no hará daño alguno, pero hay que preguntarse realistamente qué es lo que se puede esperar de él. Pedro Olaechea no puede comprometer a la bancada de Fuerza Popular, menos al Congreso entero, a aprobar el adelanto de elecciones por decisión propia. Puede trasladar la propuesta, pero ¿es esta aceptable para la oposición? El compromiso implica renunciar a la vacancia y, para aceptarlo, la oposición necesitaría un incentivo seductor, una propuesta que no pueda rechazar. El peligro es el de un arreglo bajo la mesa entre Gobierno y oposición a espaldas de los peruanos, una repartija en la que -otro gobierno y otro Congreso mediante, de solo un año- queden todos -congresistas y mandatario actuales- habilitados para postular en el 2021. A la ciudadanía le interesa tener la seguridad de que esto no estará en la agenda del diálogo.

Lo que necesita haber en la agenda, en cambio -y corre el riesgo de no estar-, son los otros diálogos del Gobierno con las regiones del Sur. Salta a la vista que ninguna de las partes en ellos -ni los mineros, ni los pobladores, ni el Gobierno- tienen una propuesta que no sea una lista de lavandería de reclamos cuya solución en el mejor de los casos no impedirá que el conflicto rebrote. No hay hasta la fecha un tercero empoderado que pueda avanzar una propuesta que las partes hagan suya. En estas circunstancias, lo mejor que el Gobierno puede hacer por el país y en su propio beneficio es despolitizar el diálogo saliendo de él para permitir que las regiones debatan sobre la propiedad de la tierra encima de los recursos naturales y no sobre una supuesta soberanía de las regiones sobre ellas, que la presencia del gobierno central despierta.

Tanto más si, hasta el momento, el diálogo entablado por el Presidente con las autoridades regionales no ha hecho sino sembrar dudas sobre lo que el Gobierno se propone respecto de lo que el propio Olaechea ha llamado en entrevista un peligroso “juego político internacional” financiado desde el exterior para especular con los precios de los recursos naturales del Perú.

El presidente del Congreso debe colocar este asunto en el centro mismo del diálogo con el mandatario, antes y por encima incluso del tema del adelanto electoral, que no es sino la expresión más exterior y superficial del silencio que crece como un cáncer en el centro del diálogo con los pueblos del Perú.





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