Jorge Morelli

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Trump tuerce el brazo a la Fed

Esta semana el presidente de EE.UU., Donald Trump, invitó a cenar a Jerome Powell,  jefe del banco central estadounidense, la todopoderosa Reserva Federal (Fed). ¿Y eso es una noticia, preguntará el lector? Sí lo es. Porque en el lenguaje político y personal de Trump una invitación a cenar no es una reunión para negociar, es un premio.

La pregunta, entonces, es: ¿por qué premia Trump al presidente de la Fed? Y esto tiene su pequeña gran historia.

La Casa Blanca y la Fed han estado enfrentadas duramente desde que Trump advirtió a Powell que no subiera la tasa de interés, el precio del dinero, en diciembre pasado. Pero la Fed –ay– ignoró a Trump.

El Presidente no pudo ser más duro. Dijo públicamente que la Fed era un peligro para la economía de EE.UU. mayor que la propia China. Añadió que la Fed estaba “fuera de control”. Y la Fed ignoró la advertencia.

Uno puede suponer fundadamente que la Fed hizo esto para no aparecer subordinada al poder político teniendo, como tiene, autonomía constitucional frente al gobierno. O sea, por no dar su brazo a torcer ante todos. Un asunto de apariencias, en suma. Una frivolidad, en el lenguaje de Trump.

La realidad es que ya habían ocurrido tres alzas de la tasa de interés en 2018 y la justificación para una cuarta no existía. El mandato constitucional de la Fed le ordena subir la tasa de interés cuando hay peligro de inflación. Pero virtualmente no hay inflación en EE.UU. Es de alrededor de 2 %. Salir, como lo hizo la Fed, a explicar que era necesaria una cuarta alza por razones preventivas de la inflación pareció arbitrario.

La tasa de interés de la Fed es la clave de muchas cosas. Cuando sube, hay un alza del dólar en el mercado global. Ese dólar, que vale más, abarata las importaciones y las multiplica. Las de China, especialmente. Eso anula el efecto de las medidas de Trump en las negociaciones con China. Le quita presión a su posición. Para anular el efecto del alza de las tasas, Trump tiene que amenazar con subir de nuevo los aranceles a China agravando la guerra comercial.

Eso no es todo. Un alza del precio del dinero encarece el crédito a las empresas, lo que anula el efecto de las medidas de Trump para relanzar el crecimiento de la economía. Ha reducido los impuestos y ofrecido masiva inversión pública en la reconstrucción de la infraestructura del país. ¿Todo esto va a amenazarlo la Fed?

No llamó la atención que llegaran rumores de que, luego de la cuarta alza, Trump consideraba seriamente echar del puesto sin contemplaciones –porque el presidente de EE.UU. nombra al jefe de la Fed– a su amigo Powell, a quien él mismo había nombrado poco tiempo atrás.

¿Por qué, entonces, sin justificación suficiente, dispuso Powell una cuarta alza en el 2018 desconociendo el pedido de su presidente y amigo? Este es un misterio doloroso, pero uno puede arriesgar una hipótesis. La Fed es un organismo privado. A su presidente lo nombra la Casa Blanca, pero sus integrantes son bancos privados representados por los bancos federales de varios estados de la Unión. O sea, la Fed representa el interés privado de la economía virtual de las finanzas. O sea, a Wall Street. Y el hecho es que el dólar fuerte aumenta la entrada de dólares de todo el mundo al sistema financiero de EE.UU. Eso es lo que les interesa a los bancos.

Lo que es bueno para la economía virtual de las finanzas, sin embargo, no lo es necesariamente para la economía real. Lo que es bueno para Wall Street no lo es para Main Street. Y este conflicto potencial estaba cantado desde hace mucho. El curso de colisión entre la Fed y la Casa Blanca era perfectamente predecible y así lo advirtió incluso esta modesta media columna.

En su reunión de enero pasado, la Fed dio su brazo a torcer. Anunció que tendrá “paciencia” en su política monetaria y contempla menos alzas de las tasas en 2019. Este retroceso trató de disimularlo la Fed como pudo, vergonzosamente, detrás de un lenguaje risible, con ayuda de miles de analistas de Wall Street.

El hecho es que Trump ganó la partida y la invitación a cenar es el premio consuelo para su amigo Powell luego de haberle torcido dolorosamente el brazo.






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