Columnista - Jose Luis Patiño

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Jose Luis Patiño

Periodista y analista económico y financiero, con más de 25 años de ejercicio profesional en diversos medios periodísticos (prensa, radio y TV), como Diario EXPRESO, RPP Noticias, Canal 7. Ganador de 4 premios nacionales de periodismo por sus investigaciones especializadas.

14 oct. 2019 03:10 am
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Mientras algunos tienen la esperanza de ser salvados por el Tribunal Constitucional, y que éste colegiado resucite el disuelto Congreso y deje sin efecto las elecciones legislativas, para ir con todo contra la administración Vizcarra; la mayoría de dueños de los vientres de alquiler, digo, de partidos o movimientos inscritos, está en pleno cubileteo para intentar capturar la mayor cantidad de escaños en el Legislativo.

Tienen menos de cinco semanas para esforzarse en convocar a personajes honestos, con liderazgo local o regional, sin ningún rastro de corrupción en uñas, bolsillos o cuentas de familiares o socios, y con la firme convicción de que al Congreso se va a servir y no a ser servido, ni menos convertirlo en botín y exigir diezmos para incluir obras en el presupuesto público.

Desde esta humilde columna, exhorto a quienes hoy tratan de llenar sus listas con personajes de medio pelo, impresentables de verborrea edulcorada, chantajistas de plazuela, amedrentadores de profesión, tinterillos lentejeros, asolapados testaferros mercantilistas, reyezuelos de programas televisivos, incendiarios virtuales, ex presidiarios que robaron no solo dinero o bienes sino violentaron a seres humanos, atracadores de cuello y corbata, que mejor se ABSTENGAN de participar.

Asimismo, a los partidos “históricos” dar paso a los nuevos valores, a promover renovados liderazgos que empiecen a marcar un punto de inflexión entre su pasado oprobioso y el futuro esperanzador, para recuperar y fortalecer los espacios y la institucionalidad democrática.

A los jóvenes con marcado espíritu libertario, organizarse para reconstruir la clase política, ejercer el predominio del debate horizontal, de las propuestas consensuadas, del respeto al opositor ideológico, antes que seguir cediendo por conveniencia a cogollos dedocráticos, a seudo líderes con billetera ancha o liquidez asfixiante, o dirigencias atrofiadas de angurria por conseguir el poder a cualquier precio.

Ha llegado la hora de que las universidades (licenciadas por Sunedu, obvio) se conviertan en la renovada fuente de jóvenes valores de la democracia, de que los verdaderos partidos políticos empiecen a formar cuadros representativos de la compleja sociedad peruana del siglo XXI, de que los buenos viejos jubilen sus procaces ambiciones y hereden su experiencia y sabiduría a los nacientes emprendedores que forjarán la nueva clase política peruana.

El camino de la reconstrucción de la representación nacional será largo, complicado y siempre cuesta arriba. Sin embargo, para que no se frustre a medio camino, la ciudadanía tiene que convertirse en la aguerrida barra brava que aliente y premie con su voto a quienes se esfuerzan por sembrar buenos valores, y castigue con su indiferencia a los que buscan sorprendernos con viejas recetas populistas, que ofrecen un taper a cambio de un voto.

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