Juan Carlos Ruiz Rivas

Acerca de Juan Carlos Ruiz Rivas:



Batalla electoral, capítulo económico e inclusión social

Abiertas las compuertas de la campaña electoral, para descomprimir el descontento social respecto a los evidentes límites de inclusión que tiene el modelo económico que nos permitió crecer los últimos 25 años, sin duda uno de los caballitos de batalla en esta contienda será si debe o no modificarse y/o cuánto debemos afinar el capítulo económico de la Constitución de 1993.
Unos candidatos radicales sostendrán que debemos cambiar el modelo por completo (mientras más a la izquierda del espectro político se encuentren). Dirán que debemos cambiar la Constitución de Fujimori, porque esta fue incapaz de alcanzar un desarrollo social sostenible. Cierto, en parte, pero ninguno de estos críticos es capaz de poner al frente un modelo alternativo que sea exitoso en su capacidad de generar riqueza. Los ejemplos asociados a sus ideas nos revelan sociedades que distribuyen pobreza, algo muy distinto al anhelo de confort y progreso al que aspiramos ciudadanos acostumbrados a sociedades democráticas que promueven la competencia y el libre mercado.

Otros candidatos más radicales dirán que el modelo no debe cambiar ni una micra (aquellos que se encuentran más a la derecha). Una minoría con privilegios que no termina de comprender cómo funcionan las sociedades, creyendo que sus privilegios son estáticos e inamovibles. Algo que el principio de realidad termina, normalmente, echándoselos en la cara, como esa bofetada liberal que, impotente ante el saqueo de una minoría, tomó las calles de Santiago pidiendo un modelo más justo. No otro modelo.
Ninguno de estos extremos tiene acogida en la percepción ciudadana en el Perú. Son las posturas intermedias las que gozan de mayor simpatía. Porque lo cierto es que lo que se agotó en el modelo fue su capacidad de inclusión. No su capacidad de generar riqueza. Tras dos décadas de crecimiento sostenido, el modelo se volvió lento para continuar absorbiendo a los nuevos sectores emergentes. Y terminó siendo excluyente. Fue la ilegalidad (no voy a llamarla informalidad) la que permitió a un 75% de peruanos sacarle la vuelta al modo excluyente de una élite incapaz de ver más allá de sí misma.

Quienes concentrarán, por ello, la mayor votación electoral en enero del 2020, no serán quienes quieran sepultar y desaparecer el modelo. Mucho menos quienes quieran mantenerlo intacto. Serán quienes, con inteligencia y creatividad, propongan mecanismos que lo hagan más justo, más igualitario, más democrático, menos elitista, pero sin negar su esencia progresista, sin dejar de reconocer que lo nuestro es una opción por la riqueza y su redistribución equitativa entre los sectores medios y los más necesitados.

Si a esta narrativa del progreso, le sumamos el nivel de reconocimiento y recordación del nombre y logotipo de la fuerza política que postula, y a eso le sumamos la capacidad de convertir la organización partidaria en aparato de campaña a nivel nacional, no es que tengamos un gran espectro de opciones para elegir. Al contrario, las alternativas se reducen a máximo seis fuerzas políticas. ¡Que comiencen las apuestas!



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