Juan Carlos Ruiz Rivas

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Religión política: el desarrollo como acto de fe

Para un científico social que se respeta, lo cierto es aquello que podemos describir como un suceso. No lo son las antojadizas interpretaciones que explican sus orígenes filosóficos, sino la explicación ontológica de cómo sucedieron los hechos, identificándolos como proceso social. Sin sustento real y demostrable, las narrativas se convierten en pura ficción. Pero sin creyentes, los modelos de desarrollo se vuelven obsoletos.

El modelo de crecimiento económico de los 90 es un buen ejemplo. Hace 20 años nos reinsertó en la economía internacional y sirvió para vencer al terror desatado por Sendero Luminoso. Pero hoy tiene serias limitaciones y muchos no creen en él. De más está culpar a los “malos actores” que utilizaron sus grietas para hacer fechorías y dañarlo. Afirmar que funciona ‘per se’ ya no es un argumento válido.

La realidad lo desmiente desde el momento mismo en que existe una mayoría que no cree en él. Decir que está vigente es un acto de fe. Casi como afirmar que Dios existe solo porque nadie demostró lo contrario. Eso no es ciencia. Es religión política. Dos narrativas distintas enfrentan visiones del futuro. Una no quiere hacer ajustes al modelo y la otra no tiene uno alterno.

La irracionalidad se apodera entonces de las tribunas. Ambos, centralistas y regiones, se acusan mutuamente de demencia, corrupción y mercantilismo. Ambas dicen algo de verdad. Pero si agotamos la agenda pública en el número de creyentes y limitamos su análisis a convertir narrativas en sentido común, jamás sabremos qué asegura su éxito en el mundo real. Las religiones políticas no escuchan razones. Únicamente implementan su propia extinción.

¿Acaso es tan difícil comprender a los líderes regionales? Tras probar dinero y poder, tienen el mismo derecho a ejercerlo que los viejos grupos de poder. El problema es que no abandonemos la racionalidad y nuestra capacidad para llegar a consensos. De otro modo corremos el riesgo de repetir errores del pasado, que ya tiñeron de sangre al país en los 80.

Todo por una ceguera cíclica de las viejas élites que, sencillamente, se resisten al cambio. Alguien me preguntó el otro día, ¿por qué colapsan los modelos de desarrollo? Porque cuando las mayorías dejan de creer en ellos convierten en realidad sus limitaciones. Y el tiempo se encarga de demostrarnos, por la razón o por la fuerza, esa gran verdad.





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