La ciudadanía pensante no se chupa el dedo. El ingeniero Vizcarra al parecer tiene el don de “encantar” a quienes se le acercan, cual embrujo del pantano o de algún lago esperpéntico donde los lagartos capturan a sus presas. Esa forma de “embrujar” no es la de cualquier neófito, sino la de un trejo y mañoso exfuncionario público local, a quien muchos subestimaron cuando lo vieron como jefe de campaña de Kuczynski y candidato a una vicepresidencia del partido “Peruanos por el Kambio”.

A ese personaje lo conoce muy bien el fiscal Germán Juárez Atoche, quien no tenía otra opción que apelar la benéfica decisión judicial de comparecencia con restricciones que se le impuso al expresidente Vizcarra. Sólo el doctor Juárez conoce la profundidad y magnitud de presiones que giran en torno a este caso y cómo una investigación que lleva años en el Ministerio Público, y sobre la cual hay numerosos elementos de convicción objetivos, demoró tanto tiempo para recién proceder a la acusación y hacerle al final un favor de presentarlo como perseguido político a veinte días de las elecciones.

En anteriores oportunidades hemos proporcionado un sencillo respaldo moral al fiscal Juárez, porque él y su equipo más cercano de adjuntos quieren pelear contra la corrupción, pero lo hacen en medio de un campo minado, con muchos vericuetos preparados al más alto nivel del Estado por alguien que desde el 2014 sabía lo que había hecho en la región Moquegua y que tarde o temprano eso le pasaría factura. Por eso estaba concentrado y jugó sus cartas en el silencio y la nocturnidad para ganar incondicionales, como presas de un depredador reptiliano, en especial desde mediados de marzo de 2018, cuando se preparaba para recibir la banda presidencial; y por supuesto ese método de captación de adeptos lo logró con creces hasta noviembre de 2020.

Sus topos están por todos lados, dentro y fuera de la Fiscalía, dentro y fuera de la prensa corporativa, pues resulta obvio el apoyo mediático brindado al Lagarto durante su audiencia judicial, a diferencia del show cinematográfico que se hacía contra los opositores políticos Alan García y Keiko Fujimori. Pero los topos más viejos y más gordos están en algunas ONG, esas que solían publicar “pronunciamientos” de ataque judicial contra los rivales ideológicos de Vizcarra, pero hoy ante su caso guardan “convenido” silencio. Esa claque es la que ha venido jugando a favor de Odebrecht y contra los intereses del Estado peruano.

@RafaelRomeroVas