Un mes y cuatro días atrás -y después de una oscura maniobra- la izquierda logró que el Congreso colocase en la jefatura del Estado a Francisco Sagasti. Este tiene como ministra de Salud a Pilar Mazzetti. Ocupa la misma cartera que tuvo en la gestión del impresentable Vizcarra. Maniqueamente, Mazzetti rechazó ese ministerio cuando se lo ofreció el ex presidente Merino –nombrado por el Congreso- aunque lo aceptó cuando se lo propuso Sagasti, igualmente coronado presidente por el Parlamento. Ahora bien, sucede que Mazzetti tendrá méritos como profesional de la medicina, pero carece de todas las cualidades que requiere un profesional para gestionar -como exige la hora- el ministerio de Salud Pública. Fracasó estrepitosamente en ese mismo cargo durante el vizcarrato. Al inicio, fue incorporada como directora del “Comando de Operaciones Covid-19”. Su paso fue tan nefasto que el Perú ocupó el primer puesto del planeta con el mayor número de fallecidos por cantidad de enfermos del virus. Inclusive como integrante del citado Comando, admitió lo que vulgarmente se llama doble contabilidad en el cómputo de fallecidos por Covid. Los estadígrafos estiman que la cifra oficial consigna sólo la mitad del número real de muertes.

Hoy el guarismo más confiable supera los 85,000 ciudadanos. Gente que perdió la vida por la letal gestión sanitaria del gobierno Vizcarra. No satisfecha con ello en plena crisis –julio 2020- Mazzetti juró como ministra de Salud. De arranque, no sinceró las cifras –lo prometió e incumplió- ni varió la política tanática de su predecesor, el Mengele criollo Zamora. Tampoco compró pruebas moleculares, extendiendo los contagios por falta de estadísticas y por absoluta ausencia de mecanismos de prevención a resultas de las muestras falsas fruto de las, para ese efecto, inútiles pruebas rápidas. Asimismo no compró –ni aceptó donaciones de- plantas de oxígeno, fundamentales para salvar vidas. Hasta acaba de rechazar el donativo de la Unión de Cementeras del Perú para entregarles plantas de oxígeno a los hospitales del Estado, precisamente cuando se anuncia el inicio de una segunda racha pandémica.

Tampoco adquirió camas UCI para equipar nosocomios públicos. Hasta aquí, su gestión es abyectamente desastrosa. ¡Falta lo peor! Vizcarra junto a Mazzetti dejaron al Perú sin la vacuna contra el Covid. Al menos hasta el año 2022. Y en un mes y días de gestión, Sagasti no ha movido un dedo junto a su ministra Mazzetti para enmendar el entuerto de su predecesor. Esta gente de pacotilla, incapacitada para ejercer los elevados cargos que ocupa -con el agravante que Vizcarra sólo tiene un doctorado en manipulación al Estado-, no gobierna para la sociedad. Lo hace sólo en beneficio propio. ¡Pese al juramento hipocrático, a Mazzetti le importa un caracol la salud de Juan Pueblo!

Apostilla. Pregúntenle a Vizcarra, cabecilla de esta generación de antigobernantes, qué fue de las decenas de hospitales que prometió construir. No como el de Moquegua, que tardó casi una década, continúa sin funcionar completamente, y de él salieron varios millones de soles a los bolsillos de la gestión que presidiera este sujeto incorregible.