No entendemos la razón por la cual muchas personas se sorprenden de las aparentes contradicciones en las que incurre el Gobierno, a sabiendas, porque suponemos que leyeron en su momento y ahora más que nunca deben hacerlo, el plan de gobierno presentado por Perú Libre al JNE, cuyo texto fue un tanto suavizado por su llamado plan por el bicentenario, apareciendo en tales documentos tres elementos esenciales: el primero, que el presidente solo es un operador del partido, en este caso del Partido Marxista Leninista Mariateguista que, en términos simples, es quien ejerce el poder; el segundo, que desde el gobierno van a implementar una economía popular de mercado limitando importaciones, sustituyendo empresas extranjeras por nacionales y renegociando contratos mineros, entre otros; y, el tercero, que en política exterior, el Perú tenía que unirse al bloque chavista cuyos líderes, según se escribe en el plan originario, le han dado respeto a la región frente al capitalismo que consideran criminal.
Este es al parámetro dentro del cual hay que analizar los discursos ambiguos y balbuceantes del presidente Castillo en la Cepal, la OEA y la ONU.
Eliminado el Grupo de Lima era obvio que la política exterior utilizaría el término plurilateral para no condenar a ninguna dictadura y, por ende, el camino hacia Maduro y compañía ya estaba trazado y por allí caminó el presidente Castillo para una reunión reservada con aquel de cuyos temas tratados nadie sabe casi nada, pero llamó la atención que, desde el Vraem, el llamado camarada “José” lance un discurso pidiéndole a Maduro ayuda para armarse y tomar el control de toda la región.
Era también previsible que el presidente Castillo “garantizara” la inversión extranjera en el Perú prometiendo que no habría estatizaciones ni restricciones, cuya invitación devenía incongruente con el escenario interno en el Perú donde la institucionalidad está casi quebrada, no se define quién preside el BCR, el dólar sigue subiendo y el combustible también con lo que se eleva el precio del transporte y esto se traslada al consumidor final, con anuncios partidarios de expulsión de la DEA y la salida de las FFAA y Policiales del Vraem con lo cual ya existiría una zona liberada para beneplácito del camarada “José” y una prédica de confrontación absoluta sin posibilidades de diálogo.
Quien vino a alterar el proceso de integración al chavismo fue el vicecanciller al declarar que ninguna autoridad política venezolana era legítima, lo que provocó la ira del primer ministro Bellido que se lanzó sin contemplaciones a la yugular de aquel pidiendo casi textualmente su destitución con un silencio vergonzoso del canciller.
La estrategia consiste en mostrar un gobierno bonachón que nos distrae para que los operadores del partido avancen hacia los objetivos originarios.

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