El candidato presidencial del Partido Morado Julio Guzmán no se cansa de deslindar del gobierno del Partido Morado. Y aunque suene a trabalenguas, ese es el mensaje que los morados intentan difundir ante la desastrosa gestión de Francisco Sagasti., cuya aprobación cayó diez puntos en solo un mes. Según encuesta Ipsos, la popularidad del Presidente es de 34%.

“Nosotros no nos subimos ni nos bajamos del coche cuando las cosas van bien o mal”, respondió ayer Julio Guzmán cuando Óscar Torres de El Trome le preguntó si le estaba afectando la baja popularidad del presidente Sagasti. Lo cierto es que es innegable que Sagasti es del Partido Morado, y es tan morado que figura como vicepresidente de la plancha morada…

Además, ¿ya no se acuerdan que tras la renuncia de Merino la primera reacción de la bancada morada fue que vuelva Vizcarra? Luego en una forzada interpretación los morados impusieron la idea que solo podían tentar a la presidencia del Congreso aquellos que no habían votado por la vacancia, consejo tomado de las redes sociales de una abogada bloguera que funge de periodista.

Lo cierto es que otro gallo cantaría si los morados se hubieran mantenido en la línea opositora del gobierno de transición de Manuel Merino, pero la posibilidad de tomar el poder cegó cualquier razonamiento político con una elección ad portas.

No hay que olvidar que la primera reacción del congresista Morado Daniel Olivares tras la destitución de Vizcarra fue: “la ciudadanía, las movilizaciones y la coordinación serán claves en los próximos cinco meses para garantizar e impedir muchas cosas. Se vienen meses duros donde hay que intentar estar unidos”. Eso publicó en sus redes sociales Olivares a las pocas horas de la vacancia por incapacidad moral.

De esta manera se colocaron en la línea de oposición frontal al Gobierno Constitucional encabezado por Manuel Merino, pero todo cambia tras el nombramiento de Ántero Flores-Aráoz como premier. La protesta se radicaliza y se ponen un objetivo: que Merino renuncie. En las mismas redes empezó a circular “hagamos que las marchas tengan un propósito”.

Con Sagasti y los morados en el poder, la intención de voto de Guzmán empezó a descender. En plena campaña electoral, el discurso de Guzmán se centra en deslindar del gobierno que él y sus congresistas ayudaron a encumbrar.

De haberse mantenido en la primera reacción post vacancia, otra sería la realidad. La oposición en campaña es vital. El electorado no simpatiza con el poder.

De no haberse cegado ante la posibilidad de tener más poder, ahora serían la primera bancada opositora a Merino, podrían criticar sin excusarse, tendrían cancha libre para fiscalizar, y seguro las encuestas le serían favorables.

Ahora, esta “muestra gratis” de gobierno morado, solo nos confirma que como gestores son un desastre. A veces el poder es un boomerang. La cabeza fría siempre es una buena consejera. El poder por el poder no alcanza.