Las telenovelas brasileñas nos mostraban la realidad como es y no como el dramón mexicano la estiraba hasta convertir a sus personajes en estereotipos y sus secuencias en un conflicto de buenos y malos inverosímiles, todo con final feliz. Así no es la vida y que me perdonen mis amigos mexicanos. Brasil cambió las reglas de juego, pero ese es el pasado. No se ve más, sino lagunas de programación, y pensamos que con el streaming, encontraríamos historias originales, pero el zapping nos entumeció la mano. ¿Una noche de series que no nos suelten era, acaso, mucho pedir?
Para sorpresa de quien investiga, descubrimos en Netflix un conjunto de series o miniseries coreanas. Ellas nos muestran con intensidad y sin rubor el fenómeno humano. En el promedio de las vistas, un solo episodio puede arrancar una carcajada o hincar largo en los ojos para un llanto que toca por salir. En lo particular (y son las que más recomiendo) me ha ocurrido -en ese orden- con “Mi señor”, “Pon tu nombre en alto”, “Black”, “La esposa que conozco”… Se observa una extraña particularidad; historias y escenas memorables que nos asombran y nos capturan.

La muerte como destino que se trata de eludir, el amor que se frustra, la dureza, el capitalismo y la lógica feudal y, sobre todo, eso que ya sea en Asia, Europa o América, nos sobrecoge y nos hermana: la fibra de los sentimientos. La tragedia convive con la comedia y con el realismo de esas historias que todos vivimos en lo cotidiano y que cada serie se encarga de mostrarnos en su verdadera significación. En “Black” la muerte y lo raro, porque los coreanos no temen a lo real maravilloso. En “Pon tu nombre en alto” es ese cruce de dos almas en el tiempo, la misión de vida, la injusticia, la medicina y su papel social; en “La esposa que conozco”, el salto cuántico, el amor, la culpa, el matrimonio; y, ¿qué decir de “Mi señor”? En esta última, la más impactante, la miseria humana, la vergüenza, la edad, la hermandad, el hilo rojo, la rivalidad en la empresa.

Las llaman k-dramas (telenovelas que parecen series o a la inversa). Ellas hacen la vida que somos, sentimos, lloramos, lamentamos, reflexionamos o evadimos. Y si de evasión se trata, qué mejor que las alas que nos alejan al reposo. De pronto, Corea me pareció tan familiar. Humanos somos.