Previo a la covid-19 en Latam se vivía un clima de convulsión social originado por algunas injusticias severas de orden reivindicativo existentes y reales, pero instrumentalizadas con suma habilidad y propaganda por acción de una estrategia bien pensada desde el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla. Se desarrollaron así, entre otras, manifestaciones multitudinarias en Chile, de composición social fundamentalmente clasemediera universitaria y escolar. En los últimos tiempos las protestas han vuelto en algunos países o aparecido por primera vez en otros, como en Perú.

El objetivo político -más allá del desorden aparente- era colocar sobre el centro de la discusión la necesidad de ir hacia un proceso de cambio de constitución. Esto último -que será sintomático en cada lugar donde se implemente el mismo esquema- porque lo que se busca con esta estrategia es atacar el concepto de la economía social de mercado y volver a la receta del Estado empresario, cada vez más grande y con mayores potestades frente al individuo.

Pienso que esto es claramente la antesala, son los preparativos para que cuando una corriente autoritaria de izquierda llegue al poder por voto popular -lo cual no es extraño en nuestro continente- pueda quedarse por un gran espacio de tiempo y cuente con las herramientas necesarias y la arquitectura jurídica idónea para súper vigilar a sus administrados y reprimir cualquier posibilidad de protesta social o política. Con banderas aparentemente progresistas se aprestan a intentar dar zarpazos electorales en Brasil, Colombia, Ecuador y la Asamblea en Chile. Además de obviamente retener Bolivia, Argentina, Nicaragua, Venezuela y Cuba. Naturalmente el Perú es pieza importante por su posición geográfica estratégica, sus recursos naturales, pienso en el litio con especial y actual interés y además por el dinero negro que puede moverse proveniente del Vraem y zonas similares.

En el país esta agenda la impulsan claramente Verónika Mendoza y Marco Arana, en buena cuenta políticos de izquierda radical con poco aprecio por la democracia y muy pocas luces sobre cómo funciona el sistema productivo y la economía nacional. Ellos -sumados a otros como Antauro- alientan la “segunda urna”, es decir la consulta para ir hacia una Asamblea Constituyente. Tienen como prioridad golpear las bases del crecimiento económico, es decir la gran minería, la agroindustria, la microempresa y el emprendedurismo popular. Al tiempo que están tras debilitar a las instituciones del Perú formal con alto componente popular: la Policía Nacional del Perú y las Fuerzas Armadas.

Los Morados, liderados por Julio Guzmán, por inexperiencia, ignorancia, arribismo, pocos escrúpulos o una conjunción de todo lo anterior son tontos útiles de la estrategia comunista; han comprado buena parte de su libreto y hasta emiten un dispositivo por el cual la Sunat pueda quebrar el derecho al secreto bancario a los ahorristas que tengan más de 10 mil soles en una cuenta. Le preparan el terreno al socialismo del siglo XXI.

Mientras esto sucede grupos de liberales, social demócratas, marxistas democráticos, conservadores, populistas y apristas vemos, sin ninguna capacidad de desarrollar un pacto mínimo democrático para hacer frente a la ola estatizante, como, a veces a tumbos y con poca elegancia, las fichas rojas y sus tontos útiles, las intercambiables fichas moradas avanzan en contra de los intereses de la patria, la libertad y la auténtica justicia social.