A punto de finalizar el año 2020, los grupos pro aborto lograron que el Senado argentino aprobara una infame ley que permite el aborto hasta la semana 14 de gestación, bastando para ello el solo requerimiento de la gestante. Se necesita invocar razón justificatoria para el aborto, ya sea violación o riesgo grave para la salud de la gestante, únicamente si la gestación ha superado la semana 14. Es decir se trata de aborto libre.

Como era obvio la perversa ley argentina fue saludada entusiastamente por las marxistas peruanas que desde hace tiempo intentan imponer similar agravio aquí.

Es clamoroso el falso feminismo de este grupo, que omite considerar que la mitad de concebidos abortados son mujeres, e instrumentaliza un crimen de suyo abominable como es la violación de la mujer, como si con otro crimen igualmente abominable como es privar de la vida a un ser (el concebido) absolutamente inocente e indefenso, pudiera borrarse o siquiera aliviarse mínimamente aquél otro. Recurren al tema de la violación pese a la mínima incidencia de la concepción en caso de violaciones esporádicas, para conseguir se introduzca el aborto como tema de debate y lograr después la ingenua “comprensión” y adhesión de gente incluso con cierta formación moral.

Es tal la astucia con la que actúan los activistas de la cultura de la muerte, que al final logran, como en Argentina, el aborto libre, pues, legalmente, para abortar no se necesita siquiera alegar la violación. Esta fue solo un señuelo.
Quieran o no admitirlo, el aborto es parte de la agenda del marxismo y su esencia negacionista de la dignidad del ser humano, al que consideran sólo como parte potencial de un engranaje en el que el Estado resulta un fin en sí mismo y no está para servir y defender a cada ser humano.

En el Perú, pese a que nuestra Constitución Política protege la vida desde la concepción, desde hace ya varios años congresistas marxistas han intentado que el Congreso apruebe también una ley de aborto libre. Han usado la violación igualmente como parapeto, pues su real planteamiento es que no se tenga que denunciar al violador.

Advertido esto por mí, fingieron inicialmente que se trataba de una omisión involuntaria, para luego, sin pudor, confirmar que exprofesamente no exigen denuncia del violador pues éste podría seguir siendo la pareja de la solicitante del aborto, que alega que tiempo atrás fue forzada sexualmente. Es decir, muerte para un inocente e impunidad para el violador.

¡Lloramos por ti, Argentina!