En la Amazonía sus pobladores están felices. Sus proyectos económicos han logrado ser financiados por entidades, que les permitirán trabajar diversas actividades y lo interesante es que han sido propuestos por mujeres indígenas.

Esta maravillosa iniciativa ocurre en la Amazonía colombiana donde las mujeres trabajan en producir, recolectar y comercializar los cultivos, además de recuperar conocimientos ancestrales que ayuden a su seguridad alimentaria.
Acciones como las descritas deberían multiplicarse para combatir la severa deforestación de la Amazonía, que según científicos, supera el 25%, del territorio. A este problema se agrega el calentamiento global que acelera la deforestación entre 15% a 17%.

La conservación del bosque y respeto a la cosmovisión de las comunidades que lo habitan, permitió descubrir productos generosos que benefician a la humanidad, como el fruto açai, la castaña, el babasú y el cacao; que además ofrecen una mejor rentabilidad para los habitantes de ese territorio. Al respecto, el científico brasileño Carlos Nobre, experto en selva tropical, defiende los valores económicos que ofrece la diversidad de especies amazónicas; por ello hizo un llamado a que no se tale el bosque y no se sustituya para pastoreo del ganado o la agricultura.

El experto aseguró que es preciso industrializar la riqueza biológica en la misma Amazonía, que sus productos tengan un valor añadido y con ello se logrará tener a la selva en pie, es decir no talarla y ofrecer trabajo en bioindustrias que generen un valor económico con el fin de brindar bienestar y calidad de vida para las poblaciones amazónicas.

Con estas acciones, se frenaría la pérdida de bosques amazónicos que en el caso del Perú se estima en 10% de bosque perdido y que continúa debido a la falta de políticas que frenen los créditos para la agricultura y la promoción indirecta de la pequeña agricultura, advierten especialistas.

Como ocurre en Colombia se logrará la bioeconomía de estos bosques, aprovecharlos para elaborar aceites esenciales, productos de medicina tradicional extraídos de las hojas de limón, la hierbaluisa, cúrcuma, albaca o el achiote, así como cremas o reunir aquellas plantas que conformen un botiquín de medicina tradicional indígena.

Junto a ello, las mujeres indígenas desarrollan todos sus talentos y con sus habilidades del tejido también realizan cestos con símbolos tradicionales, además de reforestar aquellos árboles que les proporcionan la materia prima (palma de cumae o guarumo). La bioeconomía permite rentabilidad, pero además contribuye a procesos sostenibles, de respeto con el entorno, solo falta que el Estado la incentive y pueda así ayudar a frenar la deforestación de los bosques.