Demetrio Rojas nos entrega un hermoso libro de cuentos como invitándonos a volver o a visitar nuestros pueblos del ande y así arroparnos con sus vivencias de antes que son vivencias de siempre. La narrativa de este libro, recrea el mundo andino con un toque citadino, trae novedades y abre nuevas ventanas para ver lo que sucede apenas sales de la capital. Felizmente, la magia de la palabra, nos transporta a ese mundo del que pocos quieren hablar, al que solo miramos cuando queremos sacar ventaja.
Cada uno de los diez cuentos, nos hace disfrutar de escenarios mágicos donde los personajes hacen gala de su poder hipnotizador al atraparnos de inicio a fin. El cuento que da título al libro, narra escenas en la que están comprometidos escolares que incursionan, guiados por su inocencia y valentía propia de jóvenes, en territorio de dominio de huestes terroristas. El peligro, parece una antena deteriorada pues todo lo vuelve dramático. Finalmente, son rescatados por una patrulla del ejército peruano, quienes lo aleccionan ejemplarmente el día de la fiesta de promoción. Mientras leía, no podía dejar de tararear un hermoso huaynito “Volver a mi tierra” del maestro Hugo Almanza “Cómo quisiera volver a mi tierra / al pueblo lindo en el que he nacido / para subir otra vez sus laderas / y sacar las escarchas del río”. Volver al pueblo, a ese país pequeño, después de haberle quitado la respiración al tiempo, para verla intacta mientras nosotros hayamos solo cerrado y abierto los ojos después de unos segundos. La literatura nos regala eso, poder imaginar el retorno a nuestras tierras para pintar lienzos de nuestra infancia con colores de quien deambula por el mundo con los pies puestos en tierra firme.
Aunque la nostalgia invade cada espacio de estos días, en el que estamos con dificultades para retornar a nuestros pueblos y revivir los buenos tiempos, la lectura del libro se las arregla para trasladarnos, mostrando su riqueza en experiencias y aprendizaje, aunque llena de peripecias, dificultades y vivencias irrepetibles. Sabemos que leer y “Viajar es fatal para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de miras”, pero también podemos afirmar con la fuerza de quienes no podemos vivir sin el recuerdo de nuestros pueblos que es tremenda ayuda porque lo “Tenemos marcado en el pecho / Todos los días que el tiempo / No nos dejó estar ahí”.

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