¡La caída de Castillo está a tiro de piedra!

¡La caída de Castillo está a tiro de piedra!

Estratégicamente o desbocado, el presidente del Consejo de Ministros, al desvelar que Pedro Castillo “…decidió a última hora no hacer el anuncio de adelanto de elecciones generales…” desde mi perspectiva, irremediablemente habría precipitado la caída del Presidente. ¡CRASO ERROR!

Quijotes, si la intención de Torres fue la de aterrorizar a los congresistas arracimados, ante la posibilidad de perder el jugoso sueldo congresal, considero que tamaño testimonio le reportará más daños que beneficios. Este precipitado exabrupto comunicacional del ya extenuado gobierno, nos estaría revelando las posibles fracturas internas, del prematuro debilitamiento y de la pronta implosión de Perú Libre. Y es que esta cuestionada organización política, al estar conformada por una mayoría filonarcoterrorista, anacrónicos comunistas utópicos, delincuentes condenados y otros con procesos penales abiertos, necesariamente entrará en conflicto con las buenas personas que también la integran, quienes tengo conocimiento estarían ya evaluando apartarse, sopesando su tranquilidad espiritual, anteponiendo lo moralmente adecuado, sopesando si vale la pena afrontar los rigores judiciales penales y carcelarios que se les iniciaría por complicidad.

Y es que no podría ser de otra manera, ya que, ante la avalancha de indicios, evidencias y pruebas aportadas por Karelim López, respecto de los delitos denunciados en contra de Castillo, en el imaginario perulibrista, las múltiples denuncias e investigaciones penales, se estarían convirtiendo, en condena social, en desprestigio y eventualmente en muchos años de prisión. Además, todos sabemos que Pacheco, Los Sobrinos y otros, muy pronto, como candidatos a colaboradores eficaces, “echarán” y “cantarán” más y mejor que Luciano Pavarotti.

Mientras eso ocurre, la oposición, de la mano con la sociedad civil organizada, debiera poner en práctica el postulado de Sun Tzu, quien en El Arte de la Guerra nos dice que “…cuando las condiciones están dadas y la victoria se ve segura hay que luchar y ganarla…”. Entonces, al haberse evidenciado la debilidad del gobierno de Castillo, lo que corresponde a un buen maestro de la guerra política es atacar y vencer. La oposición tendría que ser estratégica e inmisericorde. Deberá abastecer los fusiles con balas de denuncias penales, afilando bayonetas jurídicas y judiciales preparándolas para el repaso democrático. Quijotes, conociéndose al enemigo y su flanco débil, preparando y posesionándose bien en el campo de la batalla política, queda sólo esperar el momento político adecuado para arremeter con todo, obligando a la renuncia o logrando la vacancia del filonarcoterrorista.

Quijotes, la batalla final, para recuperar la democracia, se dará en las calles. Para sacar del gobierno a los comunistas disfrazados de demócratas, tendremos que tomar las calles, porque… ¡sin la calle no habrá renuncia, no habrá vacancia!

¡SOLO LA CALLE SACARÁ A CASTILLO!

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