“No entiendo con qué criterio el JNE, a las cortas horas, anula su decisión (unánime, para prorrogar el plazo para la presentación de las inconsistencias en la votación). Se supone que el JNE es la máxima autoridad y debería proceder con tiempo, sin alarmar al público. Creo que ha fallado. Es una falla que debería ser enmendada; los peruanos deben manifestar su oposición constante en las calles para evitar una catástrofe.” Para este escriba, esa fue la parte medular del mensaje de Mario Vargas Llosa en respaldo del Estado de Derecho y la vida en Democracia en Perú. Quizá pudo haber sido más enfático sobre la conducta de los cuatro jeques del Jurado Nacional de Elecciones JNE, consciente de ese universo de trampas descubiertas tras el cierre del conteo del balotaje. Trampas que se agregan a la fraudulenta actuación del JNE en la primera vuelta eliminando de la partida a Fernando Cilloniz; o las estafas que denunció Rafael López Aliaga y tantos otros casos que permitieron que gane en primera vuelta quien ni siquiera figuraba en las encuestas, y que Keiko Fujimori, que apenas arañaba un 3% de preferencias, acabe con 11% de los votos, consolidando así el escenario ideal para el comunismo. Aunque reconocemos que MVLL dejó planteada la hipótesis de fraude con estas palabras: “Yo creo que mientras el Jurado Nacional de Elecciones no haya concluido su tarea, no puede hablarse de ningún (ganador). Hay que ver la magnitud del fraude, si es que el fraude existió. Cuál es la magnitud, cuántas actas se alteraron de manera arbitraria. El JNE está en condiciones de juzgarlo.” Si bien discrepamos en ciertas asuntos con él es evidente que en los gravísimos tiempos por los que atraviesa el Perú, la única voz capaz de librarlo del yugo castrochavista sería la de MVLL, por su renombre como baluarte de la cultura universal y el inmenso respeto que le guarda la aldea global por su probada intransigencia frente a cualquier forma de totalitarismo. El fiasco registrado por los observadores internacionales, incluidos ese portaviones del caviarismo llamado Transparencia, y una absolutamente desacreditada OEA, a nivel internacional sólo podría revertirlo la palabra autorizada de Vargas Llosa, para evitar lo que él ha alertado advirtiendo que “la catástrofe que van a soportar los peruanos será inconmensurable.”
Conforme pasan las horas la teoría del fraude estaría convirtiéndose en realidad. Y los indicios de manipulación de las actas pasan a ser evidencias dolosas, orquestadas por alguna organización criminal montada milimétricamente en precisos lugares del país. Y si frente a ello el JNE insiste en cerrar las puertas aduciendo que el plazo para que presenten las pruebas ya venció equivale, como lo señalamos en comentario anterior, a que un asesinato quede impune porque la evidencia no se presentó a las 8pm luego del tercer día de cometido en delito. No, amigo lector. Si aunque sea tarde se confirma con evidencias la presencia de fraude, en cualquier momento el JNE está obligado a evaluarlas. No hacerlo convertiría en fraudulenta la elección general.

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