Un político depende de su decisión: se hace o no se hace, se resuelve o no se resuelve. En política se resuelve con el contacto real, interactuando con quien se pretende representar y, para eso, es necesario voluntad y coraje. Si la motivación se expresa con honestidad se genera empatía, se inspira confianza; esa es la única forma de afirmar el liderazgo. A un buen político le pueden quebrar las alas y tendrá aliento para volar, lo pueden dejar ciego y aun así tendrá visión para señalar el camino. La política no es una carrera de cien metros, es una maratón.

Durante la semana vimos al candidato de la izquierda radical, Pedro Castillo, retar a la candidata de la derecha populista, Keiko Fujimori, Castillo no advirtió que recogería el guante y aceptaría debatir. Antes del debate, Castillo devino en excusas inimaginables para evitar el hecho; finalmente, contra las cuerdas, por él mismo, asistió a la Plaza de Armas de Chota y enfrentó a una Fujimori, pésimamente asesorada, que todavía cree que impostando la voz, como si acaso con eso denota autoridad, logrará captar votos. Keiko fue convencida de reducir a su adversario. Sin embargo, el candidato radical le detuvo el ímpetu. ¿Qué lección nos deja el debate? Primero, la increíble segunda vuelta que por una contienda atomizada por dieciocho candidaturas, nos pone frente a dos extremos que no avizoramos ni en nuestras más remotas pesadillas. Segundo, la añoranza por aquellos políticos cuya oratoria no solo reflejaba recursos intelectuales sino la madurez de asumir y sostener una propuesta. Tercero, la terrible certeza que sobre cualquiera de las veredas el Perú continuará perdiendo: o mal por la incapacidad del profesor Castillo o mal por la inexperiencia de la señora Fujimori. Cuarto, el insulto, el odio como herramienta para destruir o desestabilizar al contrincante.

Lo grave es que la cultura continúa siendo invisible en el discurso. Luego del debate, me queda claro que ninguno está preparado para gobernar y, aunque se diga que nadie está preparado para gobernar, es indispensable la seguridad en la acción. El ex presidente uruguayo José Mujica definió la política como la búsqueda de la felicidad para los otros, después de la tarde en Chota, es notorio que ni Castillo, ni Fujimori, asume así el acto de ejercer políticamente. La democracia continúa siendo el mejor de los sistemas: el 6 de junio, nos corresponde a la ciudadanía demostrar si lo merecemos.