Según la FAO, en las últimas 6 décadas, el crecimiento mundial del consumo de pescado es el doble del poblacional y el sector pesquero es fundamental para alcanzar la meta de un mundo sin hambre ni malnutrición. La ingesta per cápita de productos hidrobiológicos se estima en 20.5 kg, impulsada por aumentos de la producción, principalmente de acuicultura, así como el progreso tecnológico; el aumento de los ingresos en todo el mundo; la reducción de la pérdida y el desperdicio y una mayor conciencia de los beneficios que provee al ser humano.

El 78.7% de los desembarques actuales del planeta provienen de poblaciones biológicamente sostenibles, pero todavía queda mucho para asegurar que lo que consume el mundo provenga de actividades pesqueras sustentables y bien gestionadas. Los principales mercados exigen garantías de un buen manejo de las pesquerías y esta tendencia se generalizará en unos pocos años: la certificación de sostenibilidad será imprescindible. Quien no esté alineado, quedará fuera.

Los ingenieros Renato Gozzer, de Sustainable Fisheries Partnership y Darío Alvites, de la Sociedad Nacional de Industrias, prepararon un informe contundente sobre los avances que vienen realizándose en el Perú en este terreno. Partimos de la premisa que estas certificaciones confirman que las pesquerías están bien gestionadas y en salvaguarda los recursos marinos para las generaciones futuras. En el caso del Perú se ha tomado el estándar del Marine Steawardship Council (MSC), que evalúa el nivel de sostenibilidad según las definiciones del Código de Conducta para la Pesca Responsable de la FAO en base a 3 principios: salud del stock pesquero, impacto en el ecosistema y gobernanza. Los planes de certificación que tiene el Perú son para la merluza, anguila, pota, perico, anchoveta, atún y conchas de abanico. En todos estos casos se han iniciado proyectos de mejora (FIP).

La merluza tras 4 años de FIP, ha logrado cumplir con un 83% de lo esperado por el estándar MSC y la anguila se encuentra en un 81% de cumplimiento de los requerimientos. Otras pesquerías, de naturaleza artesanal como la pota y el perico se encuentran, tras varios años en mejora, con niveles de cumplimiento del 54% y 45% respectivamente. En consecuencia, tenemos dos pesquerías cerca de obtener las primeras certificaciones MSC del país y dos más que se encuentran a mitad de camino. La de anchoveta debería quedar lista en 18 meses.

Uno de los puntos débiles que todavía ostentamos, radica en el principio de gobernanza: la definición de objetivos a largo plazo, tener roles claramente establecidos y procesos de consulta participativa de las partes interesadas. Las pesquerías de pota y perico tienen brechas en la formalidad de las naves y en la necesidad de un manejo efectivo a nivel supranacional. Esto está en el ámbito de responsabilidades del Ministerio de la Producción, que ya está notificado de la necesidad de una acción inmediata.

Está claro que la certificación de nuestras pesquerías es factible y generaría estabilidad en toda la cadena productiva del sector. PRODUCE debe definir una estrategia para la mejora de aquellos indicadores del principio de gobernanza que estén abajo de los niveles adecuados y designar un equipo responsable liderado por el titular del sector para asegurar el éxito. Un descuido en este empeño podría ser funesto. Estamos a tiempo para proteger el futuro de decenas de miles de pescadores y otros actores que dependen de nuestras prodigiosas pesquerías.