La primera reacción de una persona objeto de una investigación periodística es negarlo todo y victimizarse, argumentando complot o persecución. Esto, palabras más o menos, dijo años atrás la ciudadana Paola Ugaz en una entrevista que en estos días circula profusamente en redes sociales, especialmente en Twitter (*). Luego de la publicación de información verosímil sobre una supuesta participación en una presunta red de lavado de activos, Paola Ugaz ha añadido, a estas dos reacciones previsibles, una tercera: intimidar.

En diversos medios, Ugaz Cruz ha ventilado su intención de querellar y llevar a los tribunales a todos los que se han hecho eco de las noticias publicadas en este diario. Por otro lado, paradójicamente, viene amparándose en el escudo de ser una “periodista perseguida”, y se ha presentado ante el mundo como víctima de una supuesta campaña de desprestigio en contra de su persona, detrás de la cual, además, estaría una organización religiosa. En su momento lo aclaramos y, hoy, lo repetimos: este es un diario independiente al que no le dictan la línea editorial ni organizaciones políticas, ni religiosas, ni gubernamentales. No formamos parte (si existiera) de un “ecosistema” en su contra.

El papel de víctima asumido por Ugaz ha encontrado acogida en federaciones y comités de apoyo a periodistas. Lamentablemente dichas entidades, que cumplen la encomiable misión de defender a periodistas perseguidos por su labor profesional, en este caso han errado el tiro de raíz y sin querer se están prestando al juego de la ciudadana Ugaz. Las razones que nos movieron a investigarla nada tienen que ver con su trabajo periodístico. Ella y su coro local han pregonado hasta el cansancio que la razón por la que se le investiga, y se pide que el Ministerio Público tome cartas en el asunto, radica en una investigación realizada en el 2015 junto a su socio Pedro Salinas.

Esta narrativa parece haber influenciado incluso a asociaciones internacionales de periodismo, pero eso no la hace verdadera. Lo único cierto es que Paola Ugaz está siendo investigada periodísticamente como ciudadana peruana que se desempeñó como funcionaria pública durante una gestión municipal probadamente corrupta. Sus actividades periodísticas y literarias no son centro de atención alguna.

Comencemos por indicar algunos hechos incontrovertibles que involucran a Paola Ugaz y, repetimos, nada tienen que ver con que sea periodista, pero sí exigen una explicación de su parte que nunca llega. Paola Ugaz fue funcionaria pública en la Municipalidad de Lima durante la manchada gestión de la alcaldesa Susana Villarán. Su cargo era Jefe de Social Media y por ello percibía un salario mensual de 10 mil soles durante todo el 2013. En ese año de labor pública, Ugaz realizó una serie de viajes al exterior que la llevaron a ausentarse de Lima por 72 días.

También, como es de conocimiento público, según revelaciones del colaborador eficaz Budián (José Miguel Castro), la empresa Graña y Montero hizo un pago ilícito a través de la empresa de asesoría de Chirinos y Salinas (CHISAC). En esa transacción estuvo involucrada, según información dada por el mismo Freddy Chirinos, la Directora de Comunicaciones de la MML. Finalmente, el expediente municipal de Paola Ugaz en la Municipalidad de Lima se ha extraviado. Esos son hechos, documentados y comprobables que suscitan preguntas razonables que Ugaz parece no querer responder.

¿Cuál fue la participación de Paola Ugaz en la transacción corrupta que Chirinos describe? ¿Estuvo ella presente? ¿Estuvo su jefa, Lenny Merino? ¿Por qué nunca ha aclarado esta situación? En relación con los viajes, en una entrevista posterior a los artículos que revelan los chats de Ugaz, ella explica las razones de uno de sus viajes. ¿Y los otros? Quedan sin explicar alrededor de 53 días de ausencia de su trabajo fuera del país. Y es muy llamativo que los países que visitó están asociados a la ruta del dinero corrupto de Odebrecht. ¿Coincidencia? ¿Por qué Ugaz guarda silencio? ¿Por qué no lo explica?, por su conducta pareciera que tiene información que no quiere revelar.

A esto se suma la información verosímil que publicamos hace unas semanas ante la cual la ciudadana Ugaz lo único que ha hecho es negar, amenazar y victimizarse. Sus declaraciones y el ecosistema mediático que la sostienen, lejos de aclarar, han pretendido desviar la atención de los hechos señalados hacia asuntos que no tienen relación con lo expuesto.

Esta es la realidad que sustenta nuestras indagaciones y que, pensamos, amerita una intervención del Ministerio Público pues hay indicios más que suficientes para iniciar una investigación. La señora Ugaz ha venido amedrentando con llevarnos a una querella. Sería un escenario prometedor para todos los que esperamos que se esclarezcan los hechos y se llegue hasta las últimas consecuencias en la lucha contra la corrupción. En una querella, efectivamente, se verían pruebas. Mientras tanto, siempre en el afán de la búsqueda de la verdad, nosotros no nos dejaremos intimidar y seguiremos investigando. También esperamos que cumpla su palabra y levante el secreto que resguarda sus comunicaciones y movimientos financieros.

(*) Por cierto, en Twitter, la defensa de la ciudadana Ugaz la han asumido dos sectores. Uno es el de los troles gobiernistas que solo buscan incordiar. El otro, los caviares y rojos de todos los pelajes, que nunca dirán una palabra buena de este medio debido a su postura de libre mercado y defensa de los valores familiares y las instituciones tutelares. A ellos les decimos que su grita no nos va a amedrentar ni atarantar. Los lectores fieles de EXPRESO, que son legión, y los cibernautas independientes, exigen en cambio una investigación. Y también más información. Tengan paciencia, los mejores guisos periodísticos se cocinan a fuego lento y no los vamos a defraudar.