El cambio de timón en el Gobierno podría resultar favorable para el país. Durante la presente era del coronavirus todos los gobiernos del planeta han pasado por rigurosas pruebas de comunicación y diferentes formas de gerenciarlas. Cada crisis es distinta y esta en particular porque estamos en la época de las comunicaciones globales.
Esta situación es beneficiosa porque la población, al conocer a través de las redes sociales lo que sucede en su país y en el mundo, manifiestan su opinión y críticas al respecto. Estas críticas generadas por la información pueden convertirse en poderosos insumos para que los gobiernos replanteen sus estrategias, tanto de comunicación como de los aspectos relacionados con la policrisis actual: crisis de salud, económica y social. Utilizar las críticas a favor.
Hoy, los gobiernos que no saben comunicar simplemente no saben gobernar. Quizás este fue el “talón de Aquiles” del predecesor del actual premier: la comunicación descansa sobre las características del líder, quien debe ser capaz de transmitir seguridad, tranquilidad y confianza. Es decir, el portavoz debe transmitir el mensaje con “sentimiento” ante una población que “siente” temor. No olvidemos que el sentimiento instintivo está ubicado en el cerebro reptiliano, totalmente alejados de la racionalidad. Como vemos, no estoy hablando de la propuesta técnica que se buscará transmitir, sino del “toque de conectividad” con el que se trasmitirán los mensajes al cerebro de las personas. Ir al inconsciente.
El mensaje contra el temor es la “tranquilidad” y debe ser motivador e indicar a la población que todo irá bien. Claro está, siempre y cuando se cumpla con determinadas reglas conductuales del individuo: “todos estaremos bien si usted está bien”.
No se trata de encontrar “gobernantes iluminados”, que de seguro existen, sino de tener equipos creativos que diversifiquen los mensajes según los auditorios definidos.
La nueva estrategia de comunicación debe acompañarse de gestos: ¿no les parece que la estrategia debe involucrar no sólo a los políticos, sino también a los judiciales, deportistas, culturales, y personas comunes, para transmitir unión y cohesión social? Todos nos preocupamos por todos y ponemos nuevas caras.
En ese sentido, debe haber un compromiso de las partes quedando fuera cualquier tipo de sesgo inútil.
No sería descabellado que los portavoces del Gobierno empezaran a incursionar en programas de televisión no ligados a la política para ampliar su cobertura hacia otros segmentos. No es lo que se dice, sino cómo y dónde se dice.