Entre rumores y una profunda crisis política mañana se presentaría ante el pleno del Congreso el gabinete Bellido para solicitar el voto de confianza.
La sorpresiva juramentación de Guido Bellido como primer ministro, a quien vimos defendiendo a grupos subversivos, parecía un gesto de provocación del Gobierno. Esto se pone en evidencia cuando conocimos la conformación del gabinete y los antecedentes de algunos ministros. Las dudas se despejan con la difusión del video de Cerrón que devela su perverso propósito de confrontar al Congreso, para cerrarlo, nombrando a primeros ministros y gabinetes que, al no dar la talla, en dos oportunidades no reciban el voto de confianza.
¿Comparte esta posición nuestro gobernante? Si no la comparte y aún no ha realizado los ajustes en el gabinete antes de su presentación al Congreso, habrá perdido una buena oportunidad de ganar confianza en millones de escépticos. El voto de confianza depende exclusivamente de Pedro Castillo, quien podría comenzar a demostrarnos que gobierna para todos los peruanos y tiene voluntad de escuchar a quienes con pruebas y argumentos le exigimos cambios.
Si el Congreso le negara la confianza al gabinete, no será porque un grupo importante de legisladores se pusieron de acuerdo para perjudicar al Gobierno o a nuestro país. Sería por la soberbia de un partido que habiendo obtenido sólo el 18% de los votos, pretende imponernos funcionarios prontuariados y propuestas controvertidas que, sumado a la ineptitud e inacción para gobernar, generan incertidumbre y desconfianza. Esto se refleja en la volatilidad del dólar que incide en el precio de los combustibles y la canasta familiar, afectando a todos, principalmente a quienes menos tienen.
También genera desconfianza la poca firmeza de Castillo para demostrarnos, con sus actos, que quien gobierna es él y no Cerrón. Nos hace dudar el permanente protagonismo de Cerrón y su postura de querernos imponer el ideario de su partido para ejecutar sus radicales planes que evidentemente dificultarían la gobernabilidad y el mandato de Pedro Castillo. Debemos condenar su obstinación por convertirnos en Cuba o Venezuela.
Preocuparía que algunos partidos políticos o sus congresistas pudieran haber negociado el endoso de sus votos a cambio de una cuota de poder. Sería una vergüenza descubrir que antepusieron su ambición e intereses a los de nuestro país, mientras los peruanos luchamos en las calles exigiendo respeto.
Esperamos del Congreso una posición firme y un voto responsable en defensa de la Democracia. Nuestros congresistas serán un sólido muro que, respetando la Constitución y las leyes, contenga la prepotencia, improvisación y las afiebradas iniciativas de un Gobierno que pretende vulnerar los derechos y libertades de todo un pueblo que quiere seguir viviendo en paz.
¡La confianza se gana, no se impone, ni se negocia!

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