Entidades involucradas en la corrupción:

El Gobierno.

No hay dudas que las carencias y deficiencias de los organismos públicos (creados para servirse de ellos y no para servir al pueblo) han generado una total y justificada desconfianza de los peruanos hacia estos. Se les percibe como entes ajenos a los sufrimientos y problemas del ciudadano común, a quien tratan con desprecio e indiferencia. Para muchos de nuestros dirigentes (desde la cima a la base), las leyes están hechas para el beneficio propio y de sus allegados. El Estado se presenta ante estos individuos como una enorme y jugosa “vaca”, listo para extraerle la “carne”, “la leche” y hasta los “huesos” antes que el “mandamás” de turno cambie o la suerte deje de sonreírles. Vale la pena señalar que la impunidad reinante en dicho ambiente estimula la proliferación de estas conductas delictivas.

Las Empresa Privadas.

Mucho se ha culpado a estas entidades de la gran ola de “descomposición moral” que viene afectando al Perú. Esta es una verdad a medias, ya que si bien es cierto que dichas corporaciones son responsables de incitar y promover un entorno viciado que favorece sus intereses. No es menos cierto que dicho comportamiento se debe a la falta de claridad, corruptelas e irregularidades de la estructura política peruana. Toda empresa o sujeto que invierte en cualquier nación del mundo busca un beneficio (totalmente natural y lógico). Sin embargo, la forma que lo harán dependerá mucho de la atmósfera que encuentre en dichos lugares. Si han de tratar con pillos y ladrones, se comportarán de la misma manera, ya que de dicho proceder les garantiza el éxito de su inversión; por el contrario, si encuentran gente seria, un entorno donde se respeten las reglas de juego y los derechos del consumidor, las posibilidades de desarrollar una relación honesta y provechosa para todos los implicados serán mucho más factibles.

Tú y yo.

No nos hagamos los desentendidos, cada uno de nosotros tiene una gran responsabilidad en la actual coyuntura. Nuestras acciones para enfrentar este reto no deben circunscribirse a la crítica y censura de los abusos que comenten los dos primeros actores; sino también a la toma de acciones concretas para finiquitar el problema desde su base. Cuando sobornamos a un juez para obtener una sentencia favorable, cuando elegimos a un alcalde, congresista u otra autoridad sobre la cual recaen pruebas concretas de excesos y atropellos a la población, estamos consolidando una cultura de corrupción y arbitrariedad. El desafío es enorme; pero como decía un antiguo proverbio chino: “Un viaje de mil millas comienza con un paso”.

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