La corruptora publicidad estatal

La corruptora publicidad estatal

¡Corsi e ricorsi! Sigue explotándoles en la mano a los llamados grandes medios de la prensa peruana el asunto de la publicidad estatal. Durante décadas han vivido de ella. Muchos de ellos inclusive se han enriquecido con los magros recursos públicos a base de chantajear al gobierno de turno retaceándole su respaldo informativo o hasta opinando contra él en caso no contratasen con ellos espacios que vendían al Fisco a tarifa más alta que la que pagaban los anunciadores privados. El abuso ha sido pues enorme. Pero no sólo medido en rangos econométricos sino, fundamentalmente, por el hecho que esos medios hipotecaron su línea periodística hacia el gobernante con el que negociaban su enriquecimiento a base de cobrar ese servicio vía la formalidad de esa mal llamada “publicidad estatal”. Y el servicio consistía nada menos que en adular al gobernante y, además, en perseguir a sus opositores con tal de imponer políticas que, en su inmensa mayoría, iban contra los intereses nacionales.

El reciente ejemplo de la conducta de esos medios de información felones con un presidente miserable como Martín Vizcarra retrata en su esplendor la podredumbre que anida debajo de la falaz libertad de prensa que alegan defender. Vizcarra manejó la crisis pandémica con sevicia y corrupción. Encerró temerariamente al país al extremo de quebrantar tanto la economía estatal como la privada. Pero, además, Vizcarra se opuso de forma tozuda, a pesar de los argumentos científicos difundidos por la oposición, a la adquisición de pruebas moleculares, respiradores mecánicos, plantas de oxígeno, camas UCI, etc., se estima que de las 218,000 muertes que produjo el Covid-19. Mientras gobernó Vizcarra no menos de 75% corresponden a su perversa terquedad para desoír los ruegos de los familiares de aquellas víctimas reportados en las informaciones de medios como EXPRESO.

Porque debemos precisar que RPP, El Comercio, La República, canales 2, 4, 5, 6, 7, 8, 9 no sólo silenciaban aquellas voces sino que aplaudían de la manera más repudiable al miserable Vizcarra y a sus impresentables ministros Zamora, Mazzetti, Zevallos que, junto con el golpista Salvador del Solar, segaron la vida de casi doscientos mil seres humanos. Sin embargo, los medios que señalamos no dejaron de aclamarlos en forma vergonzante, como condición para sostener a sus semiquebradas economías siempre acostumbradas a dispendiar los recursos que recibían del Fisco en gruesos dividendos y en sobrecostos ajenos al propio negocio.

Este recuerdo viene a colación de que la comisión de Transportes y Comunicaciones del Congreso viene debatiendo un dictamen para que el actual Parlamento insista en aprobar por insistencia la ley que diera el Legislativo anterior, la misma que observó el ocupante precario de palacio Francisco Sagasti, cómplice de Vizcarra al no denunciar las barbaridades perpetradas por este último.

Acabemos de una vez con la corruptela del avisaje estatal. El ex congresista Mauricio Mulder dio en la diana. No más repartijas con fondos públicos para la gran prensa. El avisaje deberá distribuirse entre todos los medios bajo una misma tarifa nominal.

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