No es una novedad que la gran mayoría de la población no se sienta representada por el Congreso. La crisis de representación lleva varias décadas y no es exclusiva del Perú, sino que alcanza, sin temor a equivocarme, a todos los parlamentos del mundo. ¿Cuáles son las razones? Una de ellas es que los parlamentos no se dieron cuenta que la política cambió con la globalización de las comunicaciones. En el caso peruano si bien es cierto que, el internet entró tempranamente al parlamento durante la primera mitad de los noventa, incluyendo plataformas de participación ciudadana y también mecanismos de transparencia del trabajo congresal, de los cuales fuimos pioneros a nivel mundial, por ejemplo, me tocó presentar en Corea del Sur la plataforma del Parlamento Virtual Peruano, los políticos no se dieron cuenta que ellos también tenían que modernizarse. Es decir, los parlamentarios ignoraron que su vida ya no sería privada como tampoco su trabajo y que los mensajes buenos y malos serían evaluados en tiempo real por la sociedad y medios de comunicación, y que eso mismo iba a suceder con el trabajo institucional del Congreso.
Otras de las razones que encuentro es que, el funcionamiento del Congreso ha paralizado su evolución en los mecanismos de trabajo; en los noventa se redujeron los procedimientos parlamentarios para agilizar las decisiones en las comisiones y el pleno, pero lo que fue una transformación revolucionaria en esa época hoy resulta necesaria adecuarla al siglo XXI.
La evolución debe dirigirse a mejorar los canales de participación y el trabajo de representación congresal. Hoy el 90% del tiempo en las comisiones se dedica a discutir leyes, dejando de lado las demandas sociales que en forma desordenada llegan al Congreso. No hay una instancia donde se canalicen para un adecuado seguimiento y su posterior informe a la población. La gente cree que sólo en la semana de representación se representa cuando los parlamentarios representan a la población todo el tiempo en todo lo que hacen. Hasta debería cambiarse el nombre.
Pero ojo, no basta con modificar los sistemas de trabajo, si es que no hay una comunicación eficaz y coordinada entre todos los actores del Congreso, para emitir buenos mensajes y percepciones positivas a la población, que legitimen al Congreso y a sus integrantes.
Los parlamentos modernos, instituyen mecanismos para que la población “converse” con sus parlamentarios de manera directa y segmentada.