Por supuesto que la indignación y el cúmulo de pruebas relativas a su baja estofa moral provoca abordar en esta columna el caso de Martín Vizcarra y la maniobra palaciega que lo hizo inmunizarse junto a su esposa contra la covid-19, durante el periodo más nefasto de su gestión gubernamental donde el Perú encabezaba las peores estadísticas mundiales en el combate al virus.

He sido sistemático en desnudar aquí la poca cosa que es Vizcarra como político y persona desde su desempeño como ministro de Transportes. Mencioné hechos incontrastables, denuncié cada una de sus mentiras, anticipé las triquiñuelas de las que podía ser capaz y ofrecí un pronóstico nefasto de lo que significaba mantenerlo en elenco público. Ahora, a propósito de esta ameba mitómana, solo me queda recordar un proverbio español que me enseñó don Juan Mejía Baca referido a quienes, inmerecidamente, tienen su cuarto hora de poder: “La basura que se barre / siempre será basura / y aunque por los aires suba / basura será en el aire”.

Se cruza otra circunstancia más atendible, como es la renuncia de Pilar Mazzetti al Ministerio de Salud, convertida por varios en una crisis política similar a la vacancia del despreciable Vizcarra. Renuncia que expresa centralmente el rechazo a la lupa puesta por un sector del Congreso a su responsabilidad en el affaire del ex presidente.

Es curiosa la forma como desde las redes y a través de la vocería mediática, se intentó detener la ofensiva contra la ministra argumentando un interés subalterno por parte de esos grupos parlamentarios que apunta a la vacancia del presidente Francisco Sagasti. Le pegan a Juana para que sienta Pedro. Una escalada vil en medio de la peor etapa de la segunda ola pandémica.

No es descartable la insania de algunos congresistas que abrigan ese propósito, pero es absurdo creer que su meta sea compartida por la mayoría en medio del proceso electoral y con la experiencia del repudio ciudadano al tinglado de Manuel Merino. También puede resultar injusto atribuirle a Mazzetti una responsabilidad personalísima como la de Vizcarra en la alevosía de vacunarse anticipadamente y en total secretismo junto a su cónyuge. Sin embargo, sacralizarla por ello tampoco tiene justificación.

Muy lamentablemente la doctora Mazzetti no tuvo un solo índice de buena gestión. Es insegura y la abruman los laberintos de la burocracia nacional. Mucho mejor intencionada que su antecesor Víctor Zamora, pero carente de perspectiva organizacional en situaciones críticas. Ha hecho bien Sagasti en aceptar de inmediato su renuncia y nombrar a otro médico con experiencia ministerial como Óscar Ugarte.

El mundo no se caerá y esperemos una tarea exitosa de Ugarte. Es por el bien del país.