Los fracasados siempre responsabilizan a otros de sus necedades. El simplismo es su manera de esquivar sus tonterías, endosándoselas a terceros, poniendo tal cara de palo que obviamente llegan a creérsela muchos ingenuos que pueblan este infra educado país. Y Vizcarra es uno de los más destacados especialistas en endilgarle a otros la culpa de su macabra incompetencia. Como en este estremecedor episodio de nuestra historia, donde la infame gestión del gobierno que preside este espontáneo –investido de presidente por circunstancias ligadas a la corrupción metastásica que instaló Odebrecht en el país– está causándole la muerte a decenas miles de peruanos. Esta tragedia nos hace titulares de los primeros lugares en las estadísticas mundiales en cuanto al número de fallecidos por cantidad de pobladores, según estimaciones de la prensa internacional. En consecuencia sobre las espaldas raídas del régimen que preside Vizcarra pesan miles de vidas cegadas, mucha gente con la salud arruinada y muchísimas más personas entristecidas por el fallecimiento y padecimiento de sus familiares. Vale decir, un peso terrible que recae únicamente en el responsable de todo ante el pueblo: Vizcarra. Porque fue él quien intrigó para que renuncie Kuczynski, y además quien rogó el apoyo del fujimorismo para sustituirlo sin estar ni remotamente capacitado para ejercer semejante cargo.
Sabemos que Vizcarra es incompetente por antonomasia. Pero su cinismo es tal que le impide reconocerlo. Entonces busca a terceros para encajarle sus tonterías y salir airoso por la tangente. Y qué víctima más sencilla que el populorum para transferirle su incompetencia. No es la primera vez ello sucede. Aunque sencillamente esta vez Vizcarra se ha sobrepasado de la raya, culpando a los jóvenes de sus desatinos, ante el rebrote de la pandemia. “La gente se ha estado reuniendo con la familia y con ello los jóvenes han infectado con el virus a sus padres y abuelo. Esto no puede ser.” ¿Consecuencia? Volvimos a Toque de Queda dominical. Con lo cual se le ha dado un golpe tremendo al agonizante sector gastronómico, por ejemplo. Pero lo que Vizcarra no puede comprender, debido a su medianía, es que la sociedad está indignada con él porque le ha hecho perder tres meses seguidos teniéndola encerrada, prometiéndole que cumplido el castigo ya no habría necesidad de seguir confinándola para evitar los contagios. Claro, aquello debió suceder si Vizcarra no hubiera descartado las pruebas moleculares para sustituirlas por esas otras inútiles –las “rápidas”– y además hubiese organizado un sistema de control para mantener en cuarentena a los que arrojasen positivo en los controles. Nada de eso ocurrió. Los tres meses de prisión generalizada domiciliaria se fueron al traste. Empecemos por eso, señor Vizcarra. ¡Usted es el gran culpable del rebrote que estamos padeciendo! Pero hay otra necedad de su gobierno que contribuyó a contagiar a los peruanos más pobres. Fue obligarlos a hacer horas de cola en los bancos durante varios días para mendigar algún subsidio que nunca llegaba, forzándolos además a utilizar el letal transporte público que tenemos. Basta de zafarse de sus responsabilidades, ingeniero Vizcarra.