Camina, con la mirada proyectada al horizonte, buscando a alguien que la pueda contemplar como al capullo de una rosa. Trabaja sin cesar, incansable, sin importarle el horario ni el clima, exponiéndose al peligro. Se le ve, al sur de Lima, barriendo las aceras de la avenida Pachacútec. Es una habitante de la calle. El frío y el calor la azotan siempre, el hambre le muestra su lado más cruel, las humillaciones de algunas personas no tienen límites, la atacan con agua caliente o sucia y a veces sueltan a sus enfurecidos perros solo por el hecho de ocupar un espacio cerca de sus casas; su oído ya debe estar totalmente dañado por los abusivos sonidos de las bocinas de los vehículos. Sin embargo, ella pone la otra mejilla y se retira sin quejarse y continúa con lo que siempre hace: barrer las calles y recoger la basura que los cuerdos arrojan.

Puede faltarle comida pero no su escoba, es que es todo para ella: su madre, su hija, su emblema. Es parte de su vida, es parte de su historia. Apenas viste unos harapos pero su escoba que lleva está siempre entera, es el pañuelo blanco con que muestra su amor por el prójimo, es también el arma con la que protesta ante la indiferencia de un mundo que no tiene ojos ni corazón para ella. Hace un año, para sorpresa y admiración de los comerciantes de la zona, ella fue a comprar una escoba. Emocionada entregó unas monedas que tenía guardadas. El comerciante constató que eran falsas, habían sido entregadas, como burla, por los falsos hombres.

Este es el mundo hecho para que unos sufran bajo la tormenta de las plagas de la indiferencia. Este es el mundo con una sociedad desquiciada. Ella no existe en los registros oficiales. A ella, ahora que es tiempo de elecciones, no la abrazarán hipócritamente, tampoco le alcanzarán un calendario con una sonrisa fingida y mucho menos un táper, tampoco la invitarán a misa en ninguna iglesia. Pero ella está siempre ahí ofreciendo su sacrificada vida. Desde su acera, desde la calle, está sirviendo a la patria mucho más que nosotros. Para ella, aunque no lo crean, esta es su patria a la cual sueña grande.

Exijo atención para esta gigante dama. Las autoridades de su distrito y del gobierno tienen el deber de asistirla. La caridad de pocos es insuficiente.